Pierpaolo y la “humanidad” de Balenciaga
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Madrid – Cita ineludible del calendario de esta última edición de la Semana de la Moda de París, la casa parisina, de ascendencia española, Balenciaga se encargaba de cerrar las presentaciones del sábado con el desfile de presentación de sus colecciones de hombre y mujer para la temporada Otoño/Invierno de 2026. Unas propuestas que han llegado marcadas por las influencias renacentistas y barrocas que tanto, y tan bien, guiaran las manos del fundador de la firma, el maestro español Cristóbal Balenciaga.
Puestas en su justo contexto sobre el histórico de la casa de modas, en manos del grupo francés especializado en el sector del lujo Kering, las presentadas este pasado sábado 7 de marzo en París han sido la segunda colección de mujer y la primera de hombre que Balenciaga ha presentado sobre las pasarelas firmadas por Pierpaolo Piccioli. Diseñador romano que debutaba el pasado mes de octubre como nuevo director creativo de la firma, y que de este modo ha terminado por ejecutar una estrategia de presentación mimética a la ejecutada por la española Loewe, dentro de su igualmente paralelo proceso de renovación y relanzamiento bajo una nueva dirección creativa. Un proceso para el que, para el caso que nos ocupa, Piccioli había evidenciando una soberbia maestría, con aquella colección “The Heartbeat” de mujer para Primavera/Verano 2026 con la que el romano se atrevía a desempolvar toda esa aura “chic” y refinada propia de la casa, pero que había permanecido enterrada durante estos últimos años tras los cortes urbanos y las remarcadas influencias del “street style” que tanto caracterizaron a la Balenciaga de Demna, quien cesaba en sus responsabilidades dentro de la firma en marzo de 2025 para asumir el reto de liderar la nueva etapa de desarrollo del buque insignia de Kering: la casa Gucci.
El pararnos a recordar cómo fue el pasado octubre el debut de Pierpaolo como nuevo director creativo de Balenciaga no resulta una cuestión baladí, si atendemos a cómo ha resultado ser la nueva colección de la firma presentada ahora desde este segundo desfile de pasarela del romano como director creativo de la casa de modas francesa. Una propuesta desde la que Piccioli parece haberse decidido a deshacer el camino andado, aunque eso sí portando a sus espaldas una mochila cargada de matices, para alumbrar una colección de marcadísimas influencias “streetwear” con la que llega para cerrar esa pequeña “brecha” que parecía haberse abierto con su anterior colección en el histórico de la casa. Una ruptura entre la etapa Demna y este nuevo capítulo al que ha comenzado a dar forma Piccioli que quedaba más que puesta en evidencia con el conjunto, de la Balenciaga de Demnna, que Anne Hathaway lució para aquel desfile de debut de Pierpaolo como nuevo director creativo de la casa, y que resultaba completamente anticlimático con la atmósfera de aquella presentación. Adjetivo que ya no podríamos emplear con tanta contundencia de haberse lucido para el desfile de estas nuevas colecciones de hombre y mujer de Balenciaga para Otoño/Invierno 2026/2027, para las que Piccioli se ha inspirado, de manera tanto metafísica como material, en la técnica renacentista del claroscuro, y en cómo esta acentúa los puntos de luz, a partir de la profusión de las sombras. Una relación que encontraría su summum durante el mismo arte Barroco en el que se arraigan las influencias artísticas de las que bebió Balenciaga como modista, y que le vale al romano para plantear un complejo sentido de la humanidad tensionado entre la luz y la sombra, entre el bien y el mal, como realidades condenadas a existir la una junto a la otra.
Bajo el revelador nombre de “Claroscuro”, las colecciones de Balenciaga de hombre y mujer para el Otoño/Invierno 2026 se basan “en la técnica artística del claroscuro del Alto Renacimiento”, que servía para ejecutar una “tensión entre la oscuridad y la luz” y que se descubría como un “medio para definir y perfilar el volumen”, con ambos “extremos duales”, enfrentados, permitiendo “descubrir una nueva dimensión”, ensalzan al respecto desde la casa de modas francesa. De este modo, y bajo el contexto tanto de la técnica como de esta colección, “la luz se define por su sombra”, mientras “la oscuridad siempre se alivia con la luz”; una antonimia que Pierpaolo eleva a “la certeza y la verdad de que una no puede existir sin la otra”. Una premisa que, abandonando el plano formal, metafóricamente se explora asimilando la oscuridad y la luz como “elementos definitorios de la condición humana”, que de esta manera se sitúa en el auténtico eje gravitacional en torno al que ha terminado por perfilarse esta colección.
Cortes envolventes y cuellos escultóricos
Partiendo de esta narrativa ciertamente compleja y elevada, Pierpaolo ha dado forma a una colección de Balenciaga para Otoño/Invierno 2026/2027 que responde al pie de la letra a ese título de “Claroscuro”, presentando una paleta de color dominada por el sofisticado y característico “negro Balenciaga”. Tono que comparte protagonismo con entonaciones igualmente profundas y oscuras, en marrones tierra, granates y borgoñas, para desde ahí abrirse y explotar en destellos de rojo carmesí, verdes hierba, lavandas, rosas fucsia, violetas y azules. Sinfonía cromática que parece beber del dramatismo de la paleta de El Greco, o de ese Zurbarán cuyas obras tanto impacto tendrían dentro del imaginario artístico de Cristóbal Balenciaga.
En cuanto a las siluetas, el dramatismo del espectro tonal se traduce en nuevas revisitaciones posmodernas a los históricos corte y patrones de Balenciaga, y en especial de sus vestidos trapecio, saco, y cocoon. Destacándose a este respecto, y para la firma de ese ejercicio, elementos como las aberturas en corte “cut out” —con unas siluetas que no sin poca curiosidad en algunos casos parecen idénticas a las trazadas por Demna para su debut en Gucci—, los cuellos desbordantes y voluminosos que exceden y van mucho más allá de los límites de las propias prendas, o las siluetas envolventes de corte caparazón. Componentes que en todo momento se ponen al servicio del objetivo de enmarcar tanto el rostro como partes muy concretas de la anatomía, y al de subrayar las formas del cuerpo y su movimiento, de nuevo enfatizando así esa apreciación “humanista” de la obra de Cristóbal Balenciaga. Diseñador que trabajaba esculpiendo sus diseños sobre el mismo cuerpo de la mujer, y atendiendo para ello a la “dictadura” de cada tela; tradición de la casa que igualmente homenajea Pierpaolo en el marco de esta colección con esos sensuales vestidos cuyas telas vaporosas parecen deslizarse sobre el cuerpo de las modelos.
“Amplificando las metodologías de Cristóbal Balenciaga”, y su “enfoque en la morfología humana, el propio cuerpo se convierte en la estructura interna de las prendas”, defienden al respecto desde la dirección de la casa de modas, con “cuellos, capuchas y escotes” que “enmarcan el rostro como un retrato”, mientras “los cortes revelan la piel” y “los zapatos se mueven desde el pie, trazando un vacío intermedio” en la composición, dibujando siluetas “mágicamente suspendidas”. El resultado es una colección de prendas que “en todo momento”, añaden, mantienen “una conexión y una conversación entre la tela y el individuo” que las porta. Una calidez humana que se explota con su naturaleza intergeneracional, tal y como se puso especialmente en evidencia durante el desfile de presentación de la colección, e incluso a través de su propia materialidad, a través de tejidos que, ya sea el cuero, el cachemir, la seda o las lentejuelas, “se han seleccionado por su capacidad natural inherente de absorber y reflejar la luz”, desde la apreciación de que “sus brillos pueden alterar nuestras percepciones y cambiar las actitudes hacia la ropa”.
En suma, y a modo de síntesis, se trata de una sucesión de “nuevas formas y volúmenes” que “se traducen en una gama de prendas modernas”, sosteniendo un discurso sobre “la moda como reflexión sobre lo contemporáneo” y “como guardarropas de hoy, para las personas”, señalan desde Balenciaga. Una narrativa que se apuntala con una elección de colores en los que “resuena la emoción” y la “expresión de sentimientos”, componiendo una paleta tonal en la que los colores “poseen fuerza y poder, un resplandor, para emerger de la sombra”. Una poética e inspiradora interpretación humanista de la sinfonía de color, que desde Balenciaga extiende al conjunto de toda esta colección desde la que, como se cuidó de revelar en París, “diferentes generaciones caminan juntas, con prendas creadas para fusionarse simbióticamente como una especia de poder colectivo, pero a la vez que se celebra la fuerza de la individualidad”, otra dualidad del ser humano que se explora así desde esta colección, desde la que se celebra tanto su individualidad como su naturaleza como ser social.
- La colección Otoño/Invierno 2026/2027 de Balenciaga, la segunda de mujer y la primera de hombre diseñada para la firma por Pierpaolo Piccioli, se inspira en el claroscuro renacentista y barroco, reflejando la dualidad de la luz y la sombra como propia de la condición humana.
- Para su nueva colección para la casa Piccioli reinterpreta los códigos históricos de Balenciaga, como los vestidos trapecio y cocoon, con cortes "cut out" y cuellos voluminosos, enfatizando la silueta y el movimiento del cuerpo.
- La paleta de colores, dominada por el "negro Balenciaga" y tonos profundos, se complementa con destellos vibrantes, mientras los tejidos se han seleccionado por su capacidad de interactuar con la luz, creando una colección que celebra la dualidad del ser humano como individuo social e individual.