Bangladesh y su Fashion Revolution 4 años después

Hace tan solo dos semanas, el día 24 de Abril se celebraba por cuarto año consecutivo, el Fashion Revolution Day. Un movimiento global que surgió a raíz de la tragedia de Rana Plaza de 2013 en la que miles de personas perdieron la vida. Una catástrofe que sacudió al mundo y que sirvió para poner de manifiesto a nivel internacional la precariedad laboral a la que se ven sometidas diariamente millones de personas dentro de la cadena de producción textil.

Tras este hecho se pusieron en funcionamiento acciones y planes de mejora con el fin de evitar que accidentes como el de Rana Plaza volvieran a ocurrir. Sin embargo, parece que 4 años después aún queda mucho por hacer en un país en el que la inmensa cantidad de talleres textiles que existe teje una tupida red de proveedores que hace casi imposible lograr la transparencia y, más aún, descifrar la trazabilidad de las prendas que se cosen para ser posteriormente exportadas al resto del mundo con la etiqueta de grandes marcas internacionales.

Y es que, tal y como expone Lotte Schuurman de Fair Wear Foundation (FWF), “las fábricas por lo general producen para decenas de marcas al mismo tiempo y, a su vez, las propias marcas se abastecen de decenas y, en ocasiones, cientos de fábricas diferentes. Una situación que hace que sea realmente difícil trabajar de manera efectiva para mejorar las condiciones laborales en Bangladesh.”

Bangladesh Accord, una medida positiva pero no suficiente

Aún así, en estos años un gran número de marcas y vendedores han llevado a cabo pasos dirigidos a luchar contra las violaciones de los derechos de los trabajadores en las cadenas de producción textil, en colaboración directa con organizaciones internacionales y ONGs. En este sentido, “el Bangladesh Accord on Fire and Building Safety - acuerdo para la prevención de incendios y seguridad de los edificios- realmente ha puesto el listón alto durante este tiempo. Las rigurosas inspecciones y acciones correctivas han logrado hacer más seguras un número considerable de fábricas en Bangladesh” explica Martje Theuws de SOMO, Centro de Investigación sobre Empresas Multinacionales, quien añade que “más importante aún es la naturaleza del acuerdo, un acuerdo jurídicamente vinculante entre las marcas y los sindicatos, lo que significa que los compromisos firmados son exigibles por ley”.

El Bangladesh Accord supone así un hito muy significativo para mejorar las condiciones de trabajo en el país. Sin embargo, tal y como se ha evidenciado a través de numerosos informes recientes, los planes estructurales, eléctricos y de seguridad contra incendios están muy retrasados. Esto ocurre, entre otros aspectos, debido a que “las fábricas están recibiendo menos dinero por las prendas que hacen, tienen que cubrir un aumento en el presupuesto salarial cada año de acuerdo con la legislación gubernamental, y además tienen que seguir cumpliendo con los elevados costes de saneamiento de los edificios para asegurar que sus fábricas cumplan con la norma establecida de seguridad” explica Carry Somers de Fashion Revolution.

Sin embargo, si hay algo que parece haberse quedado en un segundo plano durante este tiempo es el progreso hacia una industria textil más segura, no solo en cuanto a la mejora estructural de sus edificios, sino por la consecución de mayores derechos y libertades para sus trabajadores. Y es que, si partimos de la idea de que el mejor salario es aquel que se ha conseguido gracias a una negociación abierta entre las propias empresas y los sindicatos, en países productores como Bangladesh aún a día de hoy este diálogo entre ambas partes es algo más bien inexistente. De hecho “esa falta de diálogo social es precisamente una de las razones más importantes por las que aún no se paga un salario digno a los trabajadores” comenta Schuurman de FWF.

“Los trabajadores y sus representantes sindicales deben desempeñar un papel central en la supervisión de las condiciones de trabajo, expresando las quejas y encontrando soluciones a los problemas que surjan. Además, los trabajadores deben tener la libertad de formar sindicatos y unirse a ellos si lo deciden” expone Theuws de SOMO quien continúa que por desgracia “tal y como demuestra la reciente represión contra los sindicatos en Bangladesh, y otros incidentes similares en países como Myanmar, India y Camboya, esto está aún lejos de ser una realidad.”

Además, como bien señala Ben Vanpeperstraete de Clean Clothes Campaign, “los trabajadores no deberían tener que arriesgar sus vidas o sus empleos tratando de sacar etiquetas y documentos de un edificio para que sus voces sean escuchadas. Los trabajadores deben tener el derecho a saber para quién trabajan y los consumidores, a su vez, deben saber dónde se hacen las prendas que compran ".

La transparencia, el gran reto

Actualmente, las estrategias de abastecimiento indirecto son el denominador común en las fábricas y talleres de Bangladesh y las cadenas de suministro se rigen por la búsqueda del menor coste posible en cada etapa. De esta forma, “la mayoría de las fábricas de Bangladesh, y en particular estos talleres no reglamentados donde se lleva a cabo la subcontratación, así como los trabajadores a domicilio, quedan fuera del alcance del Bangladesh Accord y otras medidas. Se estima que tres millones de trabajadores de la confección, algunos de los trabajadores más vulnerables de la cadena de suministro, no están cubiertos por estas auditorías” argumenta Somers de Fashion Revolution.

Es evidente que la ausencia de información pública en este sentido, es un gran obstáculo para conseguir lograr mejoras en los derechos de los trabajadores. Sin transparencia, poco se puede hacer, ya que supone la herramienta clave para que “los trabajadores, las organizaciones de la sociedad civil y los ciudadanos puedan presionar a las marcas de moda para que tengan en cuenta las condiciones de sus cadenas de suministro” explica Nicola Round de Labour Behind the Label quien puntualiza además que “las marcas deberían demostrar que no tienen miedo de ser responsables, publicando la información de su proveedores.”

Está claro que aún queda mucho por hacer para lograr una industria textil más transparente y capaz de mostrar cada etapa de su cadena de producción de forma pública y detallando aspectos tan importantes como quiénes son sus proveedores, los derechos laborales de los trabajadores, su seguridad, el nivel de contaminación que se desprende de sus procesos productivos, etc.

Aún así, si algo es cierto desde que ocurrió la catástrofe de Bangladesh es que poco a poco se ha ido formando una opinión pública internacional mucho más fuerte, crítica y activa que cada vez exige saber más sobre qué hay detrás de sus marcas de moda preferidas. En este sentido, un gran logro es el informe que se ha aprobado recientemente por amplia mayoría en el Parlamento Europeo y que exige a la Comisión Europea comenzar un proceso legislativo que sirva para obligar a las empresas europeas a tener una mayor transparencia en sus cadenas de producción.

Crédito de foto: Zakir Hossain Chowdhury / ANADOLU AGENCY

 

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