Duelo entre Puig y LVMH, desde los salones del Palacio Real de Madrid
Madrid – Durante la tarde-noche de este martes, 29 de septiembre de 2026, tenía lugar uno de los momentos más esperados de la visita de estado, de apenas dos jornadas, que está realizando a España el presidente de Francia: una cena de gala en el Palacio Real de Madrid, ofrecida por los Reyes de España en honor de Emmanuel Macron y Brigitte Macron. Una cita de la que, a penas unas pocas horas después de darse por concluida, ya se han escrito ríos de tinta —y de comentarios—, y que dejaba como coprotagonistas además de la velada a ni más ni menos el holding multinacional francés LVMH, y a la multinacional española de la moda y la belleza el grupo Puig.
Con motivo de las —finalmente infructuosas— negociaciones para abordar una potencial fusión entre Puig y el grupo estadounidense The Estée Lauder Companies, que ambas compañías confirmaron haber iniciado a finales del pasado mes de marzo, y que se daban por rotas escasamente dos meses después, desde FashionUnited poníamos atención y analizábamos cómo desde la compañía controlada por la familia Puig han tratado de moverse durante estas últimas décadas al compás de la nueva realidad dentro del sector del lujo que se comenzaba a construir a finales de los años 80, con la compra de Dior por parte de Bernard Arnault en 1984, y la creación del grupo LVMH, con la fusión entre Moët Hennessy y Louis Vuitton, en 1987. Movimientos ambos que confluían en la toma de control del holding francés por parte de Bernard Arnault en 1989, un año para el que la compañía española, siguiendo a esa agitación dentro del sector, ya había pasado a engrosar su cartera de marcas propias, y a adentrarse además en el segmento de la moda, con la compra en 1987 de la totalidad de la casa Paco Rabanne, y entre 1987 y 1988 de la totalidad de la casa Carolina Herrera, primero con la adquisición de su licencia de belleza, y al año siguiente con la compra de su negocio de moda. Unas compras a las que seguirían, a lo largo de los siguientes años y hasta llegar a prácticamente el día de hoy, y del mismo modo que ocurría dentro de LVMH, las de casas de moda como Nina Ricci (1998), Jean-Paul Gaultier (2011), Dries Van Noten (2018) o Byredo (2022).
Desde esa suma de movimientos paralelos, se vislumbraba ya desde la década de los 80 como un ánimo latente dentro de la compañía española el alcanzar a tomar una entidad similar a la que hoy ejerce como referente principal, y global, el grupo LVMH, desde su posición como compañía propietaria de casas como Berluti, Celine, Dior, Fendi, Givenchy, Kenzo, Loewe, Loro Piana o Louis Vuitton, dentro del sector del lujo. Motivo por el cual cabe presuponer que dentro de las filas de la compañía española estarán especialmente complacidos de la escena que terminó dejando tras de sí la cena de gala ofrecida este martes por los Reyes de España en honor de Emmanuel Macron, presidente de Francia, y de Brigitte Macron, la primera dama francesa, en el Palacio Real de Madrid, con motivo de la visita de estado a España que están realizando durante estos días del 29 y 30 de septiembre. Una velada que ha terminado por enfrentar a ambas multinacionales, de la mano de unas embajadoras tan excepcionales como han resultado ser la Reina de España y la primera dama de Francia.
Louis Vuitton, frente a Carolina Herrera
Dejando a un lado los asuntos de estado y de índole política que terminaron por sucederse durante la velada, desde la que Felipe VI no dudó en hacer mención expresa a lo acontecido en Ceuta este verano, calificado por el Rey frente al presidente del Gobierno de España y el presidente de Francia como de un episodio “inaceptable” y que “plantea un desafío mayúsculo, desde el punto de vista de seguridad y de orden público y humanitario”, tanto para España como para la Unión Europea, como protagonistas de este particular duelo han estado los estilismos que para la ocasión terminaron por lucir Brigitte Macron y la reina Letizia. Estilismos que entramos a diseccionar en un mayor detalle, y con los que, y en un momento en el que el sector del lujo no es que se encuentre atravesando su mejor momento, las grandes firmas de moda tanto de Puig como de LVMH volvieron a brillar a ojos del gran público, con toda la pompa y boato que mereció la ocasión.
Empezando por la invitada de honor, Brigitte Macron vistió para asistir a la cena de gala en el Palacio Real un vestido a dos tonos, con cuerpo central en blanco neutro y costados decorados con apliques brillantes en plata, firmado por la casa Louis Vuitton, el buque insignia de LVMH. Misma casa que firmaba el estilismo en “total look” rosa bebé que la primera dama francesa lució durante el recibimiento oficial que los Reyes ofrecieron durante la mañana al matrimonio francés a su llegada a Madrid, desde la Plaza de la Armería del Palacio Real, y a la que continuó mostrándose de este modo fiel durante este primer día de la visita de estado del presidente de Francia a España, durante una velada en la que redondeó su atuendo con unos zapatos de salón y un “clutch” joya, todo en tonalidades plata, y con unos pendientes de diamantes. ¿El resultado? Una combinación de blancos, platas y brillos, que parece gustar especialmente a la primera dama de Francia, que ha lucido ya en diferentes ocasiones atuendos muy similares, como los que lució —y siempre firmados por Louis Vuitton— durante las cenas de gala ofrecidas al matrimonio francés con motivo de las visitas de estado realizadas a Luxemburgo y a Dinamarca en 2018.
Por parte ya de la reina Letizia, tras recuperar para el acto de la mañana de su armario un vestido de Pertegaz en tono gris perla, con bordados joya de inspiraciones florales en negro, rosa y coral, para la cena de gala en el Palacio Real la Reina sorprendía estrenando un vaporoso vestido en azul niebla con cuerpo decorado en adornos florales en color estaño, de la casa Carolina Herrera, como apuntábamos firma propiedad del grupo Puig desde 1988. Un diseño de un indubitable magnetismo y atractivo, de falso escote palabra de honor con cuerpo tapado en gasa transparente y mangas de corte capa, y que ha completado con la denominada “tiara floral” y con pendientes de chatones de diamantes, disponible actualmente y a la venta en plataformas de comercio online como Mytheresa a unos 4 875 euros. Un importe al que la reina no ha tenido que hacer frente, puesto que tal y como apuntan desde medios como el generalista El Mundo la pieza ha sido prestada para la ocasión por el grupo Puig.
Se trata esta de una dinámica que no es la primera vez por la que apuesta la Reina de España para lucir piezas de diseño, y de un cierto valor económico, en actos protocolarios como el celebrado esta pasado noche en Madrid —ya lució un diseño prestado por Dior para asistir a la cena de gala celebrada el 25 de julio de 2024 en el Museo del Louvre, con motivo de la apertura de los Juegos Olímpicos de París—, como tampoco es la primera vez que apuesta por Carolina Herrera para vestir en un acto del que se sabe de antemano que va a contar con una repercusión mediática añadida. Y como muestra, el sensacional vestido en rosa chicle con bordados florales en plata de Carolina Herrera que lució para asistir a las celebraciones por la coronación del Emperador de Japón en octubre de 2019; un diseño único y a medida, que, para la buena complacencia sin duda del grupo Puig, ha pasado a formar parte ya de la misma historia de España, después de que la Reina lo eligiera para las fotografías oficiales, de gala, desde las que era inmortalizada junto al rey Felipe VI por la fotógrafa Estela de Castro, presentadas como tales por la Casa Real a principios de 2020.
Dos compañías de referencia, cuestionadas por los mercados
Como bien señalábamos este duelo entre Louis Vuitton y Carolina Herrera, entre LVMH y Puig, al que hemos podido asistir desde los salones del Palacio Real de Madrid, llega en un momento especialmente complejo para el sector del lujo, y que está afectando en diferente grado y forma tanto a una como a otra multinacional. Dos grupos cuyos modelos de negocio tan claro resulta que empezaron a tomar una identidad pareja a finales de la década de los 80, como que terminaron por adquirir un peso y una gravedad distinta dentro del sector del lujo, del que en cualquier caso tanto LVMH como Puig siguen presentándose como referentes, desde las distintas naturalezas que como compañía han terminado por adoptar a lo largo de estas ya últimas cerca de cuatro décadas.
Para terminar de comprender en qué momento y circunstancias se encuentra actualmente cada una de ellas, del mismo modo que se han enfrentado desde los salones del Palacio Real de Madrid, entramos a enfrentar las cuentas de resultados que han venido firmando una y otra compañía a lo largo de estos últimos meses. Empezando en este sentido por una LVMH que completó su último año fiscal de 2025, a fecha del 31 de diciembre del mismo año, con unas ventas totales por valor de 80 807 millones de euros (-4,57 por ciento en términos interanuales), y un beneficio neto atribuido de 10 878 millones de euros (-13,32 por ciento). Unas métricas económicas de entre las que cabe destacar la evolución registrada por sus operaciones en moda y belleza, que en suma generaron unos ingresos por unos 45 944 millones de euros (-7,14 por ciento), con moda y marroquinería aportando 37 770 millones de euros en ventas (-8 por ciento) y perfumería y cosméticos los 8 174 millones de euros restantes (-2,9 por ciento). Contando además y como última actualización las cifras de un primer semestre de 2026 que LVMH cerró con ventas por 38 644 millones de euros (-2,9 por ciento) y un beneficio neto atribuido de 5 697 millones de euros (-0,01 por ciento).
Del lado de Puig, la multinacional española de la moda y la belleza cerró su ejercicio de 2025 con ingresos por 5 042 millones de euros (+5,26 por ciento) y un beneficio neto atribuido de 593,69 millones de euros (+11,88 por ciento). Unos resultados en su caso liderados por las aportaciones a las cuentas de la compañía generadas por sus negocios de fragancias y moda, con ingresos al cierre de ese año fiscal, a fecha del 31 de diciembre de 2025, por 3 646,1 millones de euros (+3,80 por ciento). En el caso de la compañía española contando como última actualización con un primer semestre del ejercicio de 2026 que cerró con ventas por 2 353,7 millones de euros (+2,37 por ciento), y con un beneficio neto atribuido de 262,8 millones de euros (-4,4 por ciento).
Enfrentando las cifras de negocio de una y otra compañía, queda claro que las ventas y los beneficios de Puig palidecen frente a las cuentas de la multinacional francesa, que no obstante parece además haber comenzado a saber poner freno a la alarmante caída de las ventas y del beneficio en las que incurrió en 2025. Unos desempeños que en cualquier caso siguen afectando a la valoración en Bolsa de las acciones de uno y otro grupo, para el caso de LVMH con unas acciones que cerraban la jornada de cotización de este 29 de septiembre en los 394,60 euros el título, un -24,56 por ciento por debajo de los 523,10 euros en los que cerraban la sesión del 29 de septiembre de 2025; en el de Puig, con unos títulos que lo hacían en los 17,71 euros, un +29,46 por ciento por delante de los 13,68 en los que marcaban hace un año, pero un -27,71 por ciento por debajo de los 24,50 euros en los que debutaban en Bolsa el 3 de mayo de 2024. Una pérdida de valoración a la que la compañía buscará dar la vuelta y recuperar la confianza de los inversores, durante la celebración el próximo 28 de octubre, y tras la presentación el día 21 de sus resultados del tercer trimestre del ejercicio, de su primer “Capital Markets Day”. Una cita desde la que se espera que la multinacional española de la moda y la belleza termine por presentar su nuevo plan estratégico de crecimiento.
- La cena de gala en el Palacio Real de Madrid, en honor a Emmanuel y Brigitte Macron, se convirtió en un singular escaparate de la moda, con LVMH y Puig enfrentadas a través de los estilismos de Brigitte Macron y la reina Letizia.
- Brigitte Macron lució un vestido de Louis Vuitton, la marca insignia de LVMH, mientras que la reina Letizia optó por un diseño prestado de Carolina Herrera, propiedad del grupo Puig, destacando la rivalidad entre ambas multinacionales como grupos de referencia del sector del lujo.
- Este singular “duelo” entre ambas compañías ha tenido lugar en un momento en el que se encuentran cuestionadas por el mercado, con las acciones de LVMH acumulando una caída interanual de su valor de un -24,56 por ciento, y las de Puig cotizando todavía un -27,71 por ciento por detrás de su precio de salida a Bolsa.
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