Bimba y Lola apuesta por La Fortuna y reparte el segundo premio de la Lotería entre sus empleados
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Hay campañas que apelan a la emoción, otras a la nostalgia y algunas, directamente, a la suerte. La activación navideña de Bimba y Lola, inspirada en Doña Manolita, la mítica administración de lotería madrileña, parecía en un primer momento un guiño estético y cultural más dentro del calendario festivo de la firma.
Sin embargo, la narrativa ha terminado desbordando la estrategia. Y es que, en pleno año de celebración de su 20º aniversario, “la fortuna” ha entrado —literalmente— por la puerta de la sede central de la compañía.
La firma, con sede en Vigo, ha sido agraciada con el segundo premio del Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad gracias al número 70.048. El resultado: champán descorchado a primera hora de la mañana, conga improvisada, lágrimas y canciones en las oficinas centrales de la Avenida de Madrid, tal y como recogieron los medios locales desplazados hasta el lugar.
Dotado con 1.250.000 euros a la serie —125.000 euros por décimo o 31.250 euros por papeleta—, el número había sido propuesto por la propia compañía a trabajadores de oficinas y tiendas de toda España. La participación se organizó en papeletas de cinco euros, adquiridas a través de la aplicación oficial de Loterías.
Con cerca de 1.000 empleados en tiendas y unos 450 en oficinas, la suerte de Bimba y Lola se ha repartido por todo el país.
Las celebraciones comenzaron desde primera hora de la mañana en la sede central de la compañía en Vigo, donde no faltaron brindis, abrazos y escenas de emoción colectiva, tal y como recogieron medios locales desplazados hasta el lugar.
Concebida y producida por la agencia Pelonio, la campaña vinculada a La Fortuna —construida alrededor del azar, la ilusión y el ritual colectivo de la Lotería de Navidad— se desplegó en distintas ciudades españolas.
A través de una activación de rasca y gana, la compañía trasladó el imaginario de la lotería al espacio urbano de Madrid, Málaga, Barcelona, Bilbao y Vigo, repartiendo premios que iban desde turrón hasta bolsos de la firma.
Una propuesta pensada para reforzar el vínculo emocional con el público en estas fechas que, aunque concebida inicialmente como un ejercicio creativo y de marca, ha terminado convirtiéndose en una divertida anécdota difícil de superar.