Tendencias SIMOF 2026: cuando la tradición se ajusta al pulso de su tiempo
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La Semana Internacional de la Moda Flamenca (SIMOF) celebró su edición 2026 del 30 de enero al 2 de febrero en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla (FIBES), consolidándose, una vez más, como el principal observatorio de tendencias para el traje de flamenca y su ecosistema creativo.
Bajo el concepto Generación SIMOF, el evento reunió a cerca de 120 firmas y más de 1.500 diseños, trazando un mapa preciso de hacia dónde evoluciona la moda flamenca en un contexto de profesionalización creciente y apertura internacional.
Esta temporada, el traje de flamenca vuelve a dialogar —como cada año— con las tendencias que se cuecen en la calle. Se cuelan asimetrías en los cuerpos, volúmenes marcados en los hombros y gasas ligeras que aligeran la silueta. Y tampoco faltan los lunares, que en el sur dejan de ser polka dots para reivindicar su nombre de siempre y abrazar la tradición, del mismo modo que los diseñadores actualizan su mirada sobre el traje regional sin perder de vista sus raíces.
El hilo conductor de muchas de las propuestas presentadas es un talle más bajo, vestidos más cortos y volantes de mayor escala, pensados para ganar presencia y movimiento sobre el albero, hasta en los días más calurosos.
Vestido corto
El largo del vestido se acorta esta temporada dejando ver los zapatos o cuñas, dialogando con la moda flamenca de finales del siglo XX, reinterpretados ahora desde una sensibilidad más depurada.
Las siluetas ganan ligereza, permitiendo mayor movilidad, mientras que los volantes más estructurados compensan visualmente la reducción de tejido. Materiales como algodones, popelines y tejidos con cuerpo medio favorecen esta lectura más funcional, alineada con un uso real del traje en ferias y romerías.
Amapola como flor de la temporada
La apuesta de Ana Morón por la amapola aparece esta temporada como una propuesta novedosa dentro del imaginario floral de la moda flamenca, una opción para quienes quieren salirse de la fórmula sin abandonar el código.
Mantón del mismo color que el vestido
Esta temporada se impone la lectura tonal, donde el mantón acompaña al vestido en un solo bloque cromático. En lugar de romper el look, lo afina, desplazando el protagonismo del color a los bordados, la flor y otros accesorios.
No llevar mantón también es una opción
En varias propuestas, el look prescinde del mantón y el foco se traslada al propio traje. Los bordados suben a hombros y mangas, marcando la parte superior del cuerpo, y en algunos casos los flecos se integran directamente en las mangas para sumar movimiento.
El lunar y su escala
El lunar, eterno código de la moda flamenca, se revisa esta temporada desde la escala. En propuestas como las de Manuel de Odriozola, se apuesta por un lunar pequeño y regular, trabajado sobre una base cromática intensa en rojo. Su fluidez aporta además presencia y gesto.
Antonio Gutiérrez o Guillermo Peralta apuestan por lunares de gran formato que consiguen cierto toque de teatralidad controlada.
El lenguaje del complemento
En el terreno de los complementos, se aprecia una clara influencia de la moda de calle, con la incorporación de collares de gran tamaño y cuentas redondeadas.
Esta tendencia convive con el uso de más de un broche.