Esta segunda edición de la Pasarela Barcelona ha tenido críticas para todos los gustos. 23 diseñadores mostraron sus colecciones para el próximo verano, bajo la dirección artística de Jay Arcos, español afincado en Nueva York que ha trabajado con las mejores firmas internacionales en este tipo de eventos. El forum, ubicación elegida para la gran mayoría de los desfiles, también dio pie a múltiples opiniones, ya que estaba bastante lejos del centro y también del Bread & Butter que se celebraba en la ciudad. El espacio fue austero, casi industrial, aunque no le faltó una buena iluminación por parte de Thierry Greyfus, considerado el mejor iluminador del mundo.

La asistencia a la pasarela ha sido buena, a pesar de competir con el Bread & Butter, y según la organización, 18 mil personas asistieron a los desfiles frente a los 13 mil de la primera edición. Josep Maria Donat, director de Pasarela Barcelona, se ha mostrado convencido de que habrá una tercera edición del certamen, pero ha reconocido a La Vanguardia que "hace falta tiempo para que se consolide". Otra de las facetas que siempre genera polémica en torno a las grandes pasarelas es la discusión en cuanto a las tallas de las modelos. Las tops más conocidas a nivel internacional han señalado que las modelos, especialmente las llegadas desde Europa del Norte, estaban demasiado delgadas. Los estilistas y diseñadores han apuntado que las modelos se encuentran en la talla 38, pero que los focos y la palidez exigida por los cánones de la moda las hacen parecer más delgadas.

Algunos desfiles han sido sorprendentes, aunque la visión general del verano que viene es que se repiten las tendencias de este verano. Custo cerraba la Pasarela mostrando un avance de la colección de este otoño-invierno (ya presentada en Nueva York el pasado año) y también un avance la primavera-verano del año que viene, en una pasarela exterior en el puerto localizado en el Forum. Antonio Miró, acostumbrado a abrir la pasarela, esta vez presentó sus tendencias el tercer día, aunque con una localización bastante original: la cárcel. Este desfile albergó una gran polémica al tener como modelos a algunos de los reclusos del centro.

Marithé et François Girbaud fueron unos de los más esperados y no defraudaron. Su colección moderna y urbana se llenó de detalles como botones, cortes asimétricos, botas doradas y plateadas y mucho desenfado. Otra cita destacada fue la primera colección de Markus Lupfer para Armand Basi, que apuesta por siluetas XXL y líneas globo en tonos neutros como el beige y el gris. El diseñador alemán también reinterpreta el "little back dress" con volumen en las faldas.

 

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