Armenia, el pequeño país del Cáucaso con ambición global: así fue la cuarta edición de Yerevan Fashion Week

Desfiles entre ruinas milenarias, diseñadores de la diáspora y una nueva cantera con billete a Londres y Florencia marcaron una semana que quiere poner nombre propio a la moda armenia
Moda
Imagen del desfile de Ruzane en Yerevan Fashion Week. Credits: Sergey Akopyan.
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En 2025, la Unión Europea importó de Armenia 129 millones de euros en textiles, casi todo prendas de vestir. Detrás de esa cifra hay una industria que trabaja desde hace años para firmas europeas de gama alta, sobre todo italianas, junto a la que ha crecido una generación tras otra de diseñadores a los que Yerevan Fashion Week (YFW) quiere que se les reconozca, con nombre propio, más allá de sus fronteras.

Su cuarta edición, celebrada del 8 al 11 de octubre, ha reunido en Ereván más de 20 desfiles y presentaciones, un showroom con más de 40 marcas, más de diez charlas y varias exposiciones.

“Somos un país pequeño, con un mercado muy limitado. Para que nuestras marcas crezcan, necesitamos el mercado internacional”, explicó Elen Manukyan, cofundadora y responsable de equipo de The Fashion and Design Chamber of Armenia, que puso en marcha junto al diseñador Vahan Khachatryan, hoy su presidente, durante una de las conversaciones de la semana.

Elen Manukyan en la inauguración de la exposición la exposición “The Ancient Gods”. Credits: Sergey Akopyan.

Armenia tiene unos 3,1 millones de habitantes, según la estimación oficial de enero de 2026, y cerca de 1,15 millones viven en la capital. Por eso buena parte de su producción textil se vende fuera. En 2025 fue la segunda partida de las importaciones europeas desde el país, solo por detrás de los productos minerales, según la Comisión Europea, aunque el primer destino de sus prendas y su calzado sigue siendo Rusia, de acuerdo con los datos de UN Comtrade. Entre los socios de esta edición figuraba el marketplace ruso Wildberries, que ofreció una charla sobre su plataforma como canal de venta para los diseñadores armenios.

La cámara, que este año cumple una década, trabaja para formar a sus diseñadores y acompañarlos hacia los mercados exteriores, y la semana de la moda es uno de sus proyectos. Para esta edición ha reunido a una treintena de invitados de toda la cadena de la moda, entre periodistas de las principales cabeceras internacionales, influencers, compradores y expertos en sostenibilidad y textil circular. Italia, su primer cliente europeo, tuvo un peso destacado en ese grupo, con la feria White Milano, los compradores de la cadena italiana de boutiques de lujo Tessabit y la escuela florentina Polimoda. Completaban la lista la feria estadounidense Coterie NYC y la plataforma de talento Fashion Scout.

Muchos de ellos participaron en un programa de charlas pensado tanto para el diseño emergente, con Massimiliano Giornetti, hablando de cómo encontrar una voz creativa propia, como para las firmas ya preparadas para el mercado. Para estas hubo sesiones sobre distribución internacional o sobre la adaptación a las nuevas exigencias europeas, como el pasaporte digital de producto, con el experto neerlandés Chris Koeleman. Sophia Shin, responsable internacional de Coterie y una de las ponentes, destacó el potencial de semanas de la moda como esta, en un momento en el que los compradores buscan precisamente miradas nuevas que lleguen de mercados emergentes.

Un puente entre lo antiguo y lo nuevo

La semana coincidió con el 2808.º aniversario de Ereván, una ciudad que presume de ser más antigua que Roma. Fue fundada en el año 782 a. C. como Erebuni, una fortaleza del antiguo reino de Urartu, y fue justo allí donde arrancó todo. En la reserva-museo de Erebuni, con toda la ciudad a sus pies, la exposición “The Ancient Gods” reunió el trabajo de treinta jóvenes diseñadores en un recorrido que iba de aquella fortaleza a la Ereván contemporánea. La muestra planteaba la herencia no como algo anclado en el pasado, sino como un puente entre lo antiguo y lo nuevo que puede, y debe, interpretarse, cuestionarse y transformarse a través del diseño.

La firma Sončess, de la diseñadora Sona Hakobyan, llevó ese planteamiento al terreno literal presentando su colección sobre el Red Bridge, uno de los puentes históricos más antiguos de la ciudad y símbolo del paso del tiempo, con la liberación de la mujer como inspiración de su propuesta.

Desfile de Sončess en Yerevan Fashion Week. Credits: shushane.photo

Hakobyan es también una de las propietarias de Cone, la concept store que dirige en el centro de Ereván junto a Ariga Torosian, diseñadora de la marca Ariga-to. Bautizada por el árbol que crece en su interior, la tienda se ha convertido en una parada obligada para quien sigue la moda de autor en la ciudad, combinando desde 2022 ropa de diseñador y colecciones contemporáneas con objetos tradicionales de distintas partes del mundo. Su selección se limita a “trabajos hechos a mano o de pequeños talleres, que encajen con nuestro concepto y nuestro entorno”, explican.

En sus percheros colgaban ya, al día siguiente de su presentación, las prendas de la firma iraní Reza Nadimi, una de las participantes internacionales de esta edición, que recibía sus primeros pedidos de piezas a medida cuando visitamos la tienda. Su colección, “Jardin de l’absence”, habla de memoria, resiliencia y de la frágil persistencia de la belleza a través de las amapolas, una idea que toma forma en siluetas escultóricas, bordados, tejidos pintados a mano, capas transparentes, textiles tradicionales iraníes y referencias arquitectónicas.

Reza Nadimi.

También procedente de Irán es el creativo detrás de Highbert Studio, una de las marcas del showroom de Yerevan Fashion Week. Haibert Velanian, vive y trabaja en Armenia, donde tiene su sede la firma, tras pasar seis años desarrollando su trabajo en Irán, en gran parte lejos de la mirada pública. Las dificultades que encontró allí para mostrar públicamente su estilo le animaron a encontrar mercado en otros países.

Su especialidad es el trabajo con teñido a mano, deconstruyendo y consiguiendo una textura muy interesante dentro de una paleta contenida y mayoritariamente oscura. “Para mí, la ropa es una forma de dar cuerpo a mi manera de ver el mundo”, resume. En su stand, además de las prendas puestas a la venta, se encontraba expuesta una escultura textil, junto a un texto que decía en inglés.

“Se niega a que la definan los papeles que la sociedad le ha asignado. Se moldea a sí misma a partir de lo que le ha sido dado, asumiendo la responsabilidad de sus decisiones, incluso cuando está sola. El sufrimiento no trae consigo ninguna promesa de liberación. Todavía está tomando forma”.

Stand de Highbert Studio en el showroom de Yerevan Fashion Week. Credits: Sergey Akopyan.

Armenia está encajada entre Georgia, Irán, Turquía y Azerbaiyán, a medio camino entre Europa, Rusia y Oriente Medio, y esa posición de encrucijada se reflejó también en el cartel de la semana.

La pasarela no se desvinculó de una diáspora armenia que supera con creces la población del propio país y que mantiene una relación estrecha con su lugar de origen. De ella proceden Lara Manukyan, que presentó su firma de costura y novia desde su atelier en Lyon, y Suzanna Margaryan, que fundó Sumara en Moscú en 2017 y mostró “Or noir”. Entre las invitadas internacionales estuvo también Dunesi, con sede en Dubái, fundada y dirigida por la diseñadora finlandesa Hanne Ripsaluoma.

No faltó la colaboración con otras semanas de la moda. Arevik Hamar, con sede en Kazajistán, desfiló gracias a la alianza de tres años con Visa Fashion Week Almaty, un intercambio que llevará a la pasarela kazaja a la firma armenia Themis. En Ereván, Themis eligió rendir homenaje a la ciudad en su aniversario con “Monumental”, una colección inspirada en la Cascada de Ereván. Sus siluetas escultóricas, la sastrería y una paleta tomada de la piedra reinterpretan la geometría y las texturas de travertino del monumento. La moldava Sannàt presentó “Held”, una colección sobre la tensión entre el deseo de libertad y las fuerzas que la contienen, dentro del acuerdo con Moldovan Brands Runway, celebrada en paralelo en Chisináu.

Desfile de Sannat en Yerevan Fashion Week. Credits: Sushane.photo

El patrimonio como escenario

Por suerte para los que visitaban el país por primera vez, varias firmas sacaron sus desfiles de la pasarela convencional para llevarlos a enclaves del patrimonio armenio. Ruzanē citó a los invitados en las ruinas de la catedral de Zvartnots, dando comienzo al desfile antes de que saliera la primera modelo, mientras recorrían a pie los últimos metros hasta la localización, con el monte Ararat al fondo, símbolo nacional armenio que hoy queda al otro lado de la frontera, en territorio turco.

Los invitados al desfile de Ruzanē en las ruinas de la catedral de Zvartnots, con el monte Ararat de fondo. Credits: Sergey Akopyan.

Ya sobre la pasarela, la colección desplegó siluetas peplum muy estructuradas y el contraste entre cuellos altos, rígidos e hipertexturizados, y prendas inferiores fluidas o transparentes. Todo ello con cierto romanticismo bucólico que nos evocó al Dior de JW Anderson.

Backstage del desfile de Ruzane en Yerevan Fashion Week. Credits: @narekm.film1.
Backstage del desfile de Ruzane en Yerevan Fashion Week. Credits: @narekm.film1
Desfile de Ruzane en Yerevan Fashion Week. Credits: Shushane.photo

Loom Weaving eligió el museo Komitas, dedicado a una de las grandes figuras de la cultura armenia, el compositor que contribuyó a preservar su música popular. De una de sus danzas para piano partió la diseñadora Inga Manukyan para crear “Hyusq” (“tejer”), y el canto de los pájaros, recurrente en su obra, acompañó a las modelos mientras bajaban por las escaleras del edificio.

En la colección, las tramas abiertas, los calados geométricos, el crochet grueso y los flecos contrastaban con una sastrería de hombros marcados y solapas estructuradas, mientras las faldas abullonadas y los peplums rígidos exploraban el volumen.

Desfile de Loom Weaving en el museo Komitas. Credits: Sergey Akopyan.
Desfile de Loom Weaving en el museo Komitas. Credits: Victor Boyko.

Manuk Aleksanyan, uno de los nombres consolidados de la escena armenia, presentó en el planetario de la ciudad una colección construida sobre plástico reciclado y concebida como una reflexión sobre la responsabilidad con el planeta.

En su trabajo, dirigido a una mujer poderosa y segura de sí misma, son habituales los grafitis textiles y otras intervenciones que hacen que ninguna prenda sea igual a otra. Sobre la pasarela, el conjunto se desplegó como una propuesta de alto impacto. Después, en su showroom, las piezas vistas una a una mostraban también su lado más ponible y comercial, sin perder su carácter.

Desfile de Manuk Aleksanyan en Yerevan Fashion Week. Credits: Boyko.
Imagen de la localización del desfile de Manuk Aleksanyan. Credits: Sergey Akopyan.

La cantera

Junto a los nombres ya consolidados, la semana también dio espacio a la siguiente generación. Entre los treinta jóvenes que expusieron en Erebuni estaban los participantes de Fashion Scout Armenia, uno de los pilares de la cita desde su primera edición. El programa busca que los jóvenes diseñadores armenios con más talento se formen en el extranjero y ganen visibilidad, justo la lógica que defendía Manukyan.

De unas 75 candidaturas, ocho finalistas presentaron sus colecciones ante un jurado formado por Massimiliano Giornetti, director de Polimoda; Martyn Roberts, fundador de Fashion Scout; Brenda Bellei, CEO de White Milano; Vahan Khachatryan, diseñador y presidente de The Fashion and Design Chamber of Armenia; Irina Vanyan, directora artística de 5 Concept, y el diseñador local Missak Haji Avedikian.

Backstage Fashion Scout Armenia Award. Credits: Aram Kirakosyan.

El jurado otorgó tres premios: la participación en Fashion Scout durante la London Fashion Week, para Eva Mesropyan; un curso de verano en Polimoda, para Hasmik Hayrapetyan, y el premio del Ayuntamiento de Ereván, dotado con 1.000.000 de drams, para Yea Balasanyan.

FashionUnited fue invitado a Ereván por Yerevan Fashion Week.

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