El museo de Pierre Cardin lleva el estilo futurista del diseñador a Venecia

Cultura
Exposición de Pierre Cardin en el Palazzo Bragadin. Credits: F. Julienne
Por AFP

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Cientos de creaciones que marcaron estilo del difunto diseñador Pierre Cardin llenarán su palacio veneciano a finales de este mes en un nuevo museo que celebra la vanguardista visión del futurista de la moda.

Un baile de disfraces el jueves por la noche en la que fue la residencia veneciana de Cardin durante casi 40 años, el Palazzo Bragadin, servirá para dar el pistoletazo de salida a la inauguración del museo, prevista para el 13 de septiembre.

Cardin, el modisto francés de origen italiano que falleció en diciembre de 2020 a los 98 años, fue un pilar de la moda de los vibrantes años sesenta con sus diseños unisex y de estética espacial que crearon ondas de choque en la cultura juvenil, desde los bulevares de París hasta Carnaby Street en Londres.

Los minivestidos de punto con atrevidos estampados geométricos, aberturas inesperadas y una predilección por los tejidos sintéticos cimentaron la reputación de Cardin como un modernista en sintonía con el espíritu de la época de la década.

Cardin utilizaba su palacio en Venecia, que compró en 1981, como un refugio y un lugar para recargar su imaginación, ha declarado su sobrino, Rodrigo Basilicati-Cardin, director general de la firma, cuyo taller creativo permanece en París.

“Pensé: ‘Esta fue su casa, ¿qué mejor lugar?’. Hay un espacio de casi 1,000 metros cuadrados, con una altura de techos importante, ¿qué mejor escenario para exponer al menos cien conjuntos?”, ha comentado durante una visita al espacio expositivo.

Hoy en día, Cardin es recordado en gran medida por su pionera estrategia empresarial de licenciar su nombre en todo el mundo para miles de productos, desde sábanas hasta contestadores automáticos, una estrategia que le hizo rico, pero que restó algo de brillo a su otrora codiciada marca.

Actualmente, la empresa tiene unos 130 productos bajo licencia.

El museo busca recordar al público la innovadora sensibilidad para el diseño del modisto, que trabajó para Elsa Schiaparelli y Christian Dior en París antes de lanzar su propia línea en 1950.

Cardin buscó democratizar la moda con el lanzamiento de una línea de prêt-à-porter en 1959 —un concepto revolucionario para la época que le supuso la expulsión temporal del órgano rector de la Alta Costura francesa—, pero que fue rápidamente copiada por sus rivales.

Alrededor de 130 conjuntos llenan las suntuosas salas del palacio, abarcando desde 1951 hasta 2018: aquí una túnica de punto verde esmeralda con cinturón y espectaculares aberturas en los costados de 1971, allá un vestido de noche de terciopelo negro de 1991 adornado con una rosa de tafetán de gran tamaño en las caderas.

Un minivestido sin mangas de 1963 en seda plateada con estampado de nido de abeja luce un lazo en el cuello a modo de collar, mientras que un vestido de 1993 en calabaza y negro presenta espectaculares pliegues que fluyen desde el cuerpo.

Basilicati-Cardin ha explicado que para su tío, el cuerpo era secundario a lo que sostenía: la escultura de la prenda.

“Toda su vida se basó en las estructuras; todas sus prendas son arquitectónicas, nada puramente fluido”, ha afirmado.

“Consideraba sus vestidos como esculturas”.

En el fondo, Cardin era un minimalista.

“Él siempre decía: ‘Quiero que reconozcan mi vestido a 10 metros de distancia’”, ha contado.

“Pocas ideas, dos como máximo, preferiblemente de distinto tipo —una de forma, otra de color— y ya está. Un mínimo de conceptos”.

Un giro del destino

El baile de disfraces del jueves llega justo 75 años después de un legendario baile en un palacio cercano que ayudó a lanzar la carrera de Cardin.

Apodada el “Baile del Siglo”, a la fiesta de 1951 organizada por el coleccionista de arte y miembro de la alta sociedad Charles de Beistegui asistió la flor y nata de la sociedad, incluyendo a Orson Welles, el Aga Khan III y el fotógrafo Cecil Beaton, que tomó muchas fotografías.

Justo después de que Cardin dejara Dior, el gran modisto encargó a su antiguo asistente la creación de unos 30 trajes para un próximo baile en Venecia que él mismo no tenía tiempo de hacer, un giro del destino que ayudó a impulsar la reputación del joven diseñador.

“Hay que imaginar a mi tío, cuatro meses después de abrir su maison, encontrándose con un encargo para crear 30 trajes importantes. En aquel momento solo tenía seis trabajadores, seis costureras, y produjo estos 30 trajes, incluidos los de Salvador Dalí y sus amigos”, ha relatado su sobrino.

Organizando los últimos detalles el jueves para la inminente inauguración del museo se encontraba Renee Taponier, de 79 años, que empezó a trabajar con Pierre Cardin a los 14 años.

“Le echo de menos”, ha declarado Taponier a AFP.

“Verá, él me formó. Construyó toda mi vida”.

En sus más de 60 años en la empresa, Taponier ha cosido, trabajado en ventas y ayudado a organizar desfiles, entre muchas otras tareas.

“Era un hombre que exigía mucho, pero que también nos daba mucho”.

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Pierre Cardin