Tres claves para un calzado sostenible

Cuatro marcas españolas comparten sus claves para elaborar un calzado sostenible.

No es un secreto que la gran mayoría de industrias actuales, incluida la moda, se basan en un modelo de producción lineal donde las materias primas son extraídas para fabricar productos que luego acabarán su ciclo de vida en vertederos contaminando el medioambiente incluso años después de haberse desechado. El sector del calzado no escapa a esta realidad en la que además existen muchas etapas productivas donde los costes a nivel social son también muy elevados.

Desde hace años, organizaciones como Greenpeace o Setem realizan campañas y acciones de concienciación social para lograr más visibilización y evolucionar hacia una producción de ropa y calzado donde se respeten por encima de todo los derechos humanos y el medioambiente. Hace apenas un mes hablábamos con José Luis Mariñelarena, coordinador de la campaña Cambia Tus Zapatos en la Federación Setem, para conocer de cerca la situación de la industria del calzado, y apuntaba datos tan interesantes como que “alrededor de 24 mil millones de pares de zapatos al año son producidos a nivel global y la mayor parte de la producción, incluye procesos intensivos en mano de obra y son peligrosos para la salud y la seguridad”.

Tres claves para un calzado sostenible

Sin embargo, es cierto que de forma paulatina cada vez son más las marcas de calzado que se atreven a luchar por una forma diferente de producir donde los pilares fundamentales son el respeto a las personas, los animales y el medioambiente. Hoy hablamos con cuatro marcas españolas que llevan años proponiendo una alternativa a la forma de producción estándar de calzado para descubrir cuáles son las claves que hacen que su calzado sea un ejemplo a seguir en sostenibilidad.

Responsabilidad social y medioambiental

La gran mayoría de calzado disponible en las tiendas proviene de países lejanos, y en su mayoría de países asiáticos como China, donde las laxas legislaciones medioambientales y el escaso respeto por los derechos laborales de los trabajadores son una realidad constante. Unas condiciones que favorecen además que ese calzado pueda ser vendido posteriormente a precios irrisorios aún cuando ha tenido que recorrer miles de kilómetros de distancia para llegar al punto de venta.

Frente a esta situación, se hace necesaria la visibilización de una forma de producción que se rija por unos valores humanos y medioambientales de respeto y responsabilidad. Es por ello que marcas como Natural World, proponen un tipo de calzado basado en “materias primas de máxima calidad, algodón cien por cien orgánico, caucho natural y tintado natural. Sin pegamentos ni sustancias químicas” explica Gloria Mendive, export sales manager de la marca.

Tres claves para un calzado sostenible

Además, apostar por un modelo de producción basado en la economía circular es una de las vías más directas para lograr un calzado que contamine lo menos posible tanto en su producción como al final del ciclo de vida. Así es como lo ve Juan Caparrós, CEO de Slowwalk, “el proceso de desarrollo y fabricación de nuestro calzado se realiza a mano y de forma artesanal, lo que redunda en la disminución de emisiones de CO2. De igual modo, los materiales utilizados en la producción, son naturales, reciclables y eco-friendly siguiendo un modelo sostenible y responsable con la sociedad y el medio ambiente”.

Cercanía con los proveedores

Lograr una cadena de producción lo más corta posible, es fundamental para conseguir tener un control directo sobre la fabricación y asegurar al mismo tiempo que se estén utilizando los materiales adecuados, que la producción se esté llevando a cabo de forma adecuada a nivel social y medioambiental, etc.

“Todos nuestros zapatos se producen en fábricas de la zona de Alicante que seleccionamos cuidadosamente, y los materiales provienen prácticamente siempre de representantes o distribuidores de la zona” explica Mireia Playà que dirige su propia firma de zapatos veganos. En este sentido, María Ripollés fundadora de Slowers pone el foco en que esa cercanía y control es la clave para asegurar una producción sostenible. Por ello en su caso se encargan de buscar los materiales tratando directamente con los proveedores de tejidos, que son en un 80% certificados por el sello GOTS. “En nuestro caso el diseño tiene un gran peso en el proceso porque incluye la búsqueda de materiales que se adapten a nuestras exigencias: orgánicos y veganos. Un vez finalizado el proceso de fabricación distribuimos desde nuestras oficinas en Morella, así que podemos decir que producimos localmente”.

Tres claves para un calzado sostenible

Transparencia en la producción

Lo más complicado de lograr cuando hablamos del origen de las prendas de ropa, o en este caso de los zapatos, es conocer su trazabilidad. En la actualidad, las cadenas de producción se han alargado hasta tal punto que se hace muy complicado conocer realmente quién y qué procesos han estado detrás de ese producto que luego tendrás en tus manos.

Apostar por marcas con cadenas producción cortas y locales es una solución interesante para asegurar que realmente estemos adquiriendo algo que haya sido fabricado siguiendo pautas de responsabilidad social y medioambiental. Y es que como afirma Playà, al final se trata de lograr un contacto muy directo con quien está fabricando esos productos para lograr esa anhelada transparencia en el proceso productivo. “Nosotros trabajamos con fábricas que producen nuestras colecciones pero que son empresas independientes, y tenemos que establecer con ellos una relación muy cercana, en la que puedas confiar totalmente. Aún así, cada dos semanas, aproximadamente, personalmente me desplazo a ver cómo va todo en términos de producción, desarrollo de muestras, etc. [...] no hay mejor manera de ver realmente lo que pasa en una empresa que estar allí y vivirlo, hablar con los trabajadores y que te expliquen lo que hacen de primera mano”.

Fotos: Slowers, Natural World, Slowwalk, Mireia Playà.

 

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