El juicio por el intento de robo de 700 bolsos de Chanel pone el foco en la destrucción de excedentes

Moda
Bolso de Chanel SS25. Credits: ©Launchmetrics/spotlight.
Por Diane Vanderschelden

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Cuatro exempleados de Chanel, condenados por intentar sustraer más de 700 bolsos y carteras destinados a ser destruidos, han vuelto a poner el foco en una práctica que el sector del lujo intenta ahora dejar atrás.

En la moda, como en la mayoría de las industrias, la gestión de los excedentes, las devoluciones o los productos defectuosos se ha convertido en un desafío tanto estratégico como medioambiental.

¿Qué hacer con la mercancía que nunca podrá revenderse? ¿Reciclarla, repararla, transformarla... o destruirla?

Entre el reciclaje, las donaciones, la reutilización o la destrucción, las estrategias difieren de una casa de moda a otra. Lo que el juicio de cuatro exempleados de Chanel en Hong Kong pone de manifiesto es que, hasta hace pocos años, algunas marcas de lujo consideraban la destrucción de productos sin vender como una forma de preservar su escasez, su imagen y su política de precios. Una práctica asumida durante mucho tiempo, antes de ser cuestionada progresivamente por la presión de los consumidores, las ONG y, finalmente, los reguladores.

La sentencia dictada el lunes 3 de agosto por el Tribunal Superior de Hong Kong recuerda que esta realidad existió durante mucho tiempo.

Cuatro antiguos empleados de Chanel Hong Kong han sido condenados a penas de prisión de entre cuatro y siete años por organizar, entre 2016 y 2017, la sustracción de cientos de bolsos y carteras que iban a ser destruidos.

Un caso judicial que también arroja luz sobre la profunda transformación de las prácticas del lujo.

Más de 700 productos destinados a la destrucción

Los hechos se remontan a hace casi 10 años. Según The Standard Hong Kong, cuatro empleados que trabajaban en un almacén de Chanel en Hong Kong se pusieron de acuerdo para sustraer 123 carteras y 601 bolsos, valorados en aproximadamente 19 millones de dólares hongkoneses (casi 2,4 millones de dólares estadounidenses), antes de que fueran destruidos.

El juez Douglas Yau Tak-hong ha recordado que la mercancía fue interceptada por la policía el mismo día que salió del almacén.

Los 724 artículos fueron recuperados y posteriormente destruidos según el procedimiento previsto inicialmente. El tribunal ha considerado que Chanel no sufrió ninguna pérdida financiera, ya que los productos nunca abandonaron definitivamente el circuito de destrucción, según precisa The Standard Hong Kong.

Sin embargo, el magistrado ha tenido en cuenta la gravedad de los hechos. Dos de los acusados se declararon culpables antes del juicio; los otros dos, entre ellos el antiguo responsable del almacén, han sido condenados al término del proceso.

Debido a la duración excepcional del caso, casi 10 años entre los hechos y la sentencia, las penas se han reducido.

Una política asumida de destrucción de excedentes

El caso también revela las prácticas de la época. Según el South China Morning Post, Chanel almacenaba entonces en el centro logístico Goodman Interlink, en Tsing Yi, los artículos de las colecciones 2014-2015 que habían quedado obsoletos. Estos productos estaban destinados a ser destruidos para preservar la “exclusividad” de la marca y evitar cualquier fuga a los mercados paralelos, explica el diario hongkonés.

El South China Morning Post menciona 691 bolsos y 123 carteras, es decir, más de 800 piezas, valoradas en 8,7 millones de dólares hongkoneses.

Esta diferencia de valoración con las cifras citadas durante el juicio se debe probablemente a los métodos de evaluación utilizados en los distintos procedimientos judiciales o por los medios de comunicación, sin que las autoridades hayan aportado ninguna aclaración adicional.

En aquella época, entre 10,000 y 20,000 productos de Chanel se destruían cada seis meses en Hong Kong, según los datos presentados ante el tribunal y recogidos, entre otros, por WWD.

Una práctica que, en aquel momento, no tenía nada de excepcional en la industria del lujo. Para muchas casas de moda, destruir los excedentes permitía impedir su reventa a precios rebajados, lo que podía debilitar el posicionamiento de alta gama de la marca.

Desde 2019, Chanel afirma haber cambiado completamente de modelo

Pero Chanel insiste hoy en un punto. Esta política ya no es la que practica el grupo. En una declaración enviada a WWD, la casa francesa afirma que “las cifras mencionadas durante el juicio ya no reflejan las prácticas mundiales actuales de Chanel”.

Desde 2019, todos los productos invendibles —existencias inactivas, excedentes o artículos defectuosos— se gestionan a través de L'Atelier des Matières, una estructura creada por iniciativa de Chanel para reciclar los materiales y reintroducirlos en nuevas cadenas de valor.

Esta plataforma está ahora integrada en Nevold, el centro dedicado a la economía circular que Chanel lanzó oficialmente en 2025. El grupo ha reunido allí a varias empresas especializadas en el reciclaje de materiales, entre ellas Authentic Material, especialista en la valorización de la piel; Filatures du Parc, actor francés de los hilos reciclados, y L'Atelier des Matières.

Según Chanel, el objetivo ahora es reutilizar las materias primas en lugar de eliminarlas.

La normativa europea acelera el fin de las destrucciones

Si las casas de lujo están modificando sus prácticas, no es únicamente por efecto de las expectativas de los consumidores. El marco normativo también está evolucionando rápidamente.

Con el Reglamento sobre diseño ecológico para productos sostenibles de la Unión Europea (Ecodesign for Sustainable Products Regulation – ESPR), la UE tiene previsto prohibir progresivamente la destrucción de los excedentes en varias categorías de productos.

Las grandes empresas también deberán publicar información detallada sobre los volúmenes destruidos y justificar las posibles destrucciones que sigan estando autorizadas, especialmente por razones sanitarias o de seguridad.

Como recuerda WWD, esta nueva normativa tiene como objetivo preciso limitar una práctica considerada normal durante mucho tiempo en ciertas industrias, especialmente en la moda.

En otras palabras, la destrucción sistemática de los excedentes, antes percibida como una herramienta para gestionar la escasez, tiende a convertirse progresivamente en una excepción.

El lujo cambia de lógica

En definitiva, el caso de Hong Kong narra más la historia de un sector en transición que la de un simple robo.

Antes, la destrucción era el último baluarte contra la devaluación de los productos de lujo. Hoy, las mismas casas de moda invierten decenas de millones de euros en el reciclaje, la reutilización de materiales o la economía circular. Esta evolución no responde únicamente a una toma de conciencia medioambiental, sino que también refleja una transformación económica más reciente que se ha producido.

La piel, la cachemira, la lana o los metales preciosos representan ahora recursos cuyo valor justifica su recuperación, transformación y reincorporación a nuevos ciclos de producción. El residuo se convierte progresivamente en materia prima. Y el caso Chanel recuerda, casi a su pesar, lo reciente que es esta revolución.

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