Borsalino sueña volver a su antiguo esplendor

Sumida en la crisis por un jefe sin escrúpulos, la célebre firma de sombreros italiana Borsalino está decidida a revivir contando con dos secretos: tradición ancestral y genio artesanal. Entrar a la fábrica, en Alejandría, en el norte de Italia, es como atravesar el túnel del tiempo.

Dos máquinas impresionantes, que remontan a 1857, llaman la atención: son las que logran transformar la piel de conejo en el paño sedoso de los célebres sombreros usados por estrellas como Alain Delon y Jean-Paul Belmondo. Después de ser sometida a un tratamiento de uno a dos noches, la piel, sale de una nube vaporosa y se proyecta sobre un cono en movimiento rociado por agua y como por arte de magia aparece el legendario Borsalino. Gracias al agua y al vapor reducen sucesivamente su tamaño y dan consistencia al material.

"Creemos mucho en el lujo artesanal: esta es una fábrica real, todo hecho a mano, damos mucha atención al detalle", reconoce Edward Burrus, vicepresidente del fondo de inversión Haeres Equita. Burrus con su compañero Philippe Camperio lanzó en mayo de 2015 el proceso para adquirir la fábrica de sombrereros, que el próximo año cumplirá 160 años de existencia y que llegó a producir más de 2 millones de sombreros al año en la década de 1920.

El 16 de marzo, las autoridades italianas autorizaron el procedimiento y Haeres Equita cuenta con un grupo de inversores italianos e internacionales para salvar la fábrica. El objetivo es olvidar los "años difíciles" y "recuperar el antiguo esplendor, garantizar un futuro brillante", a una de las últimas compañías de lujo independientes que quedan.

Ahora sentimos la confianza renovada tanto por parte de los clientes como de los proveedores, lo que nos ayuda a garantizar la calidad alta de las materias primas, explicó Burrus. En la planta de Alejandría, que emplea a 114 personas, los trabajadores se sienten aliviados. "Desde hace treinta años que trabajo aquí (...). No es un trabajo mecánico, no es estar en la cadena de montaje, cada sombrero necesita una atención particular, pasan por mis manos, para mí es una cosa hermosa", explicó Giovanni Zamirri, encargado de dar forma a cada sombrero.

Para hacer un sombrero de ala se requieren siete semanas y 52 pasos. Con una facturación de 15,5 millones de euros en 2015, lograda principalmente en Europa, Japón, y Estados Unidos, Borsalino aspira a alcanzar los 17 millones este año. Parte de los ingresos provienen de los sombreros de fieltro diseñados para los judíos ortodoxos, una actividad que representa el 10% de sus ventas. También el elegante panamá y los tocados en tela, tan de moda ahora para el verano europeo, figuran entre los más vendidos.

"El grupo vende hoy en día alrededor de 150.000 sombreros por año y tenemos una demanda de 220.000", cuenta Burrus. "Nuestra meta es rejuvenecer el producto, dándole un aspecto más moderno, porque sentimos que el sombrero volvió", sostiene. Un Borsalino cuesta entre 200 y 600 euros, según el modelo, y si bien los jóvenes de 25 años tienden a no conocerlo, los nuevos propietarios esperan que en algunos años se convierta en un objeto indispensable para toda generación. (AFP)

 

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