El 11 de septiembre de 2012, 255 obreros murieron en el incendio de una fábrica textil en Pakistán. Desde entonces, nadie ha sido condenado por esta catástrofe, emblemática de un sector que muy a menudo maltrata a quienes confeccionan la moda exportada a Europa. Ahora abandonada, la fábrica de Ali Enterprise se encuentra a la salida del puerto de Karachi, en el barrio 'talibanizado' de Baldia Town, con sus ventanas rotas.

Para muchas familias de las víctimas, el accidente, uno de los peores de la historia industrial de Pakistán, se trata del "11 de septiembre" del país. La lentitud de la justicia indigna al abogado de las familias Faisal Sidiqqi que denuncia "el fracaso del sistema penal" paquistaní en el "cual para los obreros es casi imposible obtener justicia". Los dueños de la empresa y su principal cliente, el grupo alemán Kik, entregaron a las familias de las víctimas 1,33 millones de euros, a cuenta de una indemnización que todavía se está negociando.

El incendio se declaró en un depósito y se extendió rápidamente a toda la planta en la cual se encontraban más de mil obreros. La investigación dejó en evidencia graves fallos de seguridad y de control. La planta fabricaba sobre todo jeans y camisetas para clientes europeos y empleaba en su mayoría a jornaleros no declarados y mal pagados.

Frente a la fábrica abandonada, testigo mudo de una tragedia que muchos quisieran olvidar, Nazi, la esposa de Riaz Parveen, obrero muerto en el incendio, recuerda cuando su marido la llamó desde el interior de la fábrica ese trágico día. "Me dijo: hay un fuego enorme en la fábrica, volveré a casa si logro salvarme", recuerda llorando esta madre de tres hijos. Riaz y su hermano Rafaqat murieron calcinados y, al igual que la mayoría de las 255 víctimas, fueron enterrados en un suburbio de Karachi. La investigación de la justicia paquistaní señaló la responsabilidad de los patrones de la empresa y de la administración. En la fábrica no había salidas de emergencia y los empleados nunca habían recibido instrucciones para casos de incendio. Los patrones intentaban "poner la mayor cantidad de máquinas en el menor espacio posible" y los inspectores gubernamentales no reaccionaban, indicó el informe. Nazia recibió el equivalente de 5.650 euros que le permitieron comprar un modesto terreno en Karachi, pero sigue indignada con los dueños de la fábrica y sus clientes europeos. "Los trabajadores cobraban apenas 100 rupias (80 centavos de euro) para producir vestimentas que se venden a muchos euros" en Europa, dice Nazia. "Chupan la sangre de los pobres. Somos analfabetos, sin educación, y ellos explotan esa debilidad", dice. Los dueños de la fábrica fueron acusados de homicidio, pero el juicio aún no comenzó.

La industria textil paquistaní, que utiliza una mano de obra super barata, que cobra el equivalente de 80 euros por mes, representa más de la mitad de las exportaciones del país, unos 10.000 millones de euros. Sus principales clientes son los países europeos. Después del incendio de Karachi, el Parlamento Europeo pidió a las grandes marcas que "reexaminaran con espíritu crítico" a sus proveedores en Pakistán. Pidió además que se instalara un "sistema eficaz e independiente" de inspección de trabajo y de los edificios industriales, cosa que nunca se concretó.

El drama de Pakistán fue seguido por una tragedia aún más mortífera en Bangladesh, donde el derrumbe de una fábrica textil causó la muerte de 1.100 personas en abril de 2013. Antes de ser destruida por el incendio, la fábrica de Ali Enterprise había recibido un certificado de seguridad, pero se trataba de un documento falso emitido por una sociedad sospechosa de haber hecho un centenar de "inspecciones" fraudulentas.

Por diversas razones, muchas empresas extranjeras confían la inspección a firmas locales, por lo cual nunca conocen exactamente la situación en las fábricas tanto más cuanto que los inspectores gubernamentales se dejan sobornar fácilmente. Para impedir que estas tragedias se repitan, el abogado Faisal Siddiqi propone "establecer la responsabilidad de los grandes compradores" extranjeros. Declarar responsables a los clientes, les obligará a reclamar al gobierno paquistaní que asuma seria y eficazmente las inspecciones. "Cuando una tragedia en Karachi tenga consecuencias en Berlín, Amsterdam, París o Italia, las cosas comenzarán a cambiar", dijo Siddiqui a la AFP. (AFP)

 

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