La firma de ropa californiana ha colgado el letrero de "cerrado" de forma definitiva. La decisión final de Wet Seal se produce apenas dos años después de que cerrara dos tercios de su red comercial y solicitara la protección frente a la bancarrota que brinda el Capítulo 11.

Una carta fechada el 20 de enero, citada por el ‘Wall Street Journal’, recoge las palabras de la vicepresidenta de Wet Seal, Michelle Stocker. Stocker explica en la misiva que el minorista no pudo encontrar la financiación o apoyo que necesitaba y que "no recibirá financiación adicional para sus operaciones".

Ese mismo día, la compañía con sede en Irvine presentó una comunicación oficial al Estado de California avisando del despido de los 148 empleados de su oficina central en lo que describió como un cierre "permanente".

Hasta la fecha, el propietario de Wet Seal, Versa Capital, ha preferido no hacer comentarios al respecto.

A principios de 2015, Wet Seal cerró dos tercios de sus establecimientos y despidió a casi 3.700 trabajadores, solicitando la protección de bancarrota del Capítulo 11, recuerda ‘USA Today’. En aquel entonces, los objetivos perseguidos con tal movimiento eran reducir su presencia, concentrarse en sus tiendas de mejor rendimiento y dar un fuerte empujón a su canal de venta en línea.

En un informe reciente, Greg Portell, socio de la división de comercio minorista de A.T. Kearney, dijo que los problemas más amplios a los que se enfrentan los minoristas como Wet Seal son "un grupo de consumidores que esperan opciones de ropa más rápidas y más receptivas".

Portell explicó además que incluso aquellos que son expertos en llenar rápidamente sus bastidores con las tendencias del momento "debe tener fuertes armas de merchandising para anticipar y dar forma a las preferencias de los consumidores por los estilos del momento. No hacerlo da lugar a rebajas y ganancias perdidas no importa cómo de rápido sea el minorista en cuestión”.

 

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