Milei apuesta por la ropa importada mientras las fábricas argentinas paran máquinas

Las importaciones de ropa en Argentina crecen un 66 por ciento mientras la industria textil trabaja al 38 por ciento de su capacidad

La apertura comercial impulsada por el presidente argentino, Javier Milei, ha inundado el país de ropa importada más barata, así se desprende de un reportaje en profundidad del periódico económico neerlandés Het Financieele Dagblad (FD), que, según se informa, fue elaborado tras realizar múltiples visitas a fábricas y tiendas de toda Argentina.

Según los datos de este medio especializado, la importación de prendas terminadas aceleró con fuerza durante el primer semestre de 2026, con un crecimiento durante el primer semestre de 2026 del +66 por ciento, después de haber aumentado un +71 por ciento en 2025. La tendencia refleja el renovado atractivo del mercado para los actores internacionales y se traduce en una mayor variedad y precios más bajos para el consumidor. Para los fabricantes locales, sin embargo, este avance intensifica la presión y dificulta su capacidad para competir con la oferta importada, siendo la industria textil, uno de los sectores que más mano de obra emplea.

El FD cita datos de la asociación sectorial Fundación Pro Tejer según los cuales, desde que Milei llegó al poder en diciembre de 2023, han cerrado 942 empresas textiles y se han perdido unos 26.000 puestos de trabajo, en torno al 21 por ciento del sector. Las fábricas que siguen abiertas funcionan a solo el 38 por ciento de su capacidad, es decir, con buena parte de sus máquinas paradas.

El impacto en el empleo

Pero el golpe no se limita al textil. En toda la economía formal han desaparecido 241.000 empleos privados, 81.000 de ellos industriales, y el número de empresas empleadoras ha caído a 482.000, el nivel más bajo desde 2007.

Ejemplo de ello es el desembargo de Kiabi en el país con un plan de expansión de 50 millones de dólares. La cadena de descuento francesa abrió el 11 de agosto su primera tienda en una céntrica calle de Buenos Aires y planea sumar otras diecinueve en los próximos años.

El FD ha escogido el caso de Roxana Pillas para ilustrar las dificultades a las que se enfrentan los fabricantes textiles argentinos a la hora de mantener su producción y los puestos de trabajo ante el elevado coste de la fabricación en el país. Esta empresaria, que según se relata en el texto lleva desde 2002 fabricando ropa deportiva y camisetas de fútbol, declaró al periódico que hace un mes tuvo que cerrar una segunda fábrica con 100 empleados y que prevé mantener solo a 40 trabajadores en los próximos meses. Su producción habría caído en picado de unas 60.000 prendas al mes a poco más de 10.000.

Una situación que ella atribuye a lo que empieza a tomar nombre propio como “coste argentino”, una combinación de impuestos, trámites burocráticos, coste del crédito y normativa laboral que termina encareciendo la producción nacional, especialmente cuando se compara con el costo imbatible de producir en Asia.

El “coste argentino”

El mismo problema también afecta a la industria que está detrás de la producción de ropa. El FD entrevistó a Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro Tejer y dueño de una fábrica de hilos y tejidos. Se cuenta como su empresa ya cerró una de sus tres plantas, con 90 despidos, y hoy utiliza solo 60 de las 400 toneladas que podría producir por mes. Además, gran parte de los 2 millones de dólares que invirtió en maquinaria en 2021 está sin usar.

Galfione explicó que no le preocupa competir con los productos importados, aunque el impuesto a la ropa que llega del exterior bajó del 35 por ciento al 20 por ciento. El problema, según él, es que la industria queda en una situación muy difícil cuando se permite importar más productos mientras se mantienen los altos impuestos y los costos financieros que ya afectan al sector.

La conclusión que se desprende de las numerosas entrevistas concedidas por Milei a medios locales, en distintos formatos, es que el Gobierno no contempla un cambio de rumbo. Concretamente una entrevista del presidente con Radio Now de Buenos Aires, calificó la defensa de la industria nacional de "precariedad intelectual", acompañada de otras referencias incluso menos elogiosas.

Para un sector como el textil, que ya opera con buena parte de su maquinaria parada, el mensaje resulta inequívoco, la adaptación a este nuevo escenario queda en manos de las empresas.

La fuente principal es el artículo “Goedkope kleding uit Azië sloopt de Argentijnse textielindustrie”, publicado en FD.nl.


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