Latinoamérica, laboratorio del retail de moda en tiempos de inflación
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Buenos Aires – A diferencia de lo que ocurre hoy en varias economías desarrolladas, Latinoamérica convive desde hace años con volatilidad económica, inflación elevada y consumo restringido. La región, y en particular mercados como Argentina, Brasil y México, se convirtió en un terreno donde la industria de la moda y el retail aprendieron a operar bajo presión constante: costos inestables, consumidores más cautelosos y reglas de juego cambiantes.
Lejos de responder a una crisis puntual, este entorno dio lugar a transformaciones profundas en la gestión del negocio. Estrategias de precios más flexibles, una administración de inventarios más precisa y la consolidación de modelos omnicanal redefinieron la manera en que marcas y retailers construyen su propuesta comercial. Un aprendizaje que hoy empieza a cobrar relevancia en Europa y otras economías centrales.
Inflación persistente y un consumidor más selectivo
En Latinoamérica, la inflación continúa siendo una de las principales variables que condicionan el consumo. En el caso argentino, tras alcanzar niveles excepcionalmente altos en 2023, el proceso de desaceleración iniciado en 2024 redujo el ritmo de los aumentos, aunque sin compensar la pérdida acumulada de ingresos reales en 2025.
Dentro del sector de moda, esta dinámica se traduce en precios elevados en términos reales y en un consumidor que prioriza la funcionalidad, la durabilidad y el valor percibido. Estudios de consultoras como NielsenIQ muestran una mayor inclinación hacia marcas propias, productos básicos y decisiones de compra guiadas por precio, calidad y durabilidad, por encima de las tendencias estacionales.
A este escenario se suma una competencia cada vez más internacionalizada. La comparación de precios a escala global, impulsada por el crecimiento del comercio electrónico, favoreció la expansión de plataformas de bajo costo como Shein o Temu. Para los actores locales, el desafío ya no se limita a ajustar precios, sino a repensar surtidos, escalas y tiempos de respuesta frente a un consumidor hiperconectado.
La flexibilidad de precios como ventaja competitiva
En economías donde los costos cambian con frecuencia, sostener estructuras de precios rígidas puede afectar tanto la rentabilidad como la competitividad. De acuerdo con análisis de Euromonitor sobre mercados regionales, gran parte del crecimiento del retail de moda en Latinoamérica en los últimos años estuvo impulsado más por incrementos de precios que por aumento en los volúmenes vendidos, reflejo de entornos inflacionarios donde el ajuste de precios se vuelve una necesidad defensiva.
Como resultado, muchas empresas dejaron atrás los precios estáticos e incorporaron esquemas de pricing dinámico, utilizando datos de demanda, canal y comportamiento del consumidor para optimizar sus decisiones de precio.
La actualización frecuente de precios permite responder a cambios en la demanda, el stock, los costos y el canal de venta. En el negocio de la moda, esta flexibilidad ayuda a evitar desfasajes financieros y a reducir la dependencia de promociones agresivas, especialmente en mercados inestables.
Fernando Gamboa, de KPMG Brasil y América del Sur, hace hincapié en uno de sus análisis sectoriales en que “las decisiones de compra ya no están determinadas únicamente por la lealtad a la marca, sino también por el precio, la disponibilidad y el cumplimiento”. Una tendencia que se intensifica en contextos inflacionarios, donde el consumidor prioriza acceso y valor por sobre el posicionamiento aspiracional.
Omnicanalidad: de diferencial a condición necesaria
La integración entre canales dejó de ser una ventaja competitiva para transformarse en un modo operativo. En Latinoamérica, la omnicanalidad funciona como una herramienta clave para captar demanda y ofrecer una experiencia de compra coherente en un contexto de consumo más racional, entre otros beneficios comerciales.
Según el informe “Omnicanalidad en América Latina: datos y cinco tendencias para un retail más conectado”, de Puntored.co, la integración entre tiendas físicas, e-commerce y social commerce se volvió un pilar del retail moderno en la región. Estar presente en múltiples canales permite mitigar caídas de tráfico en puntos físicos y lograr compras incluso cuando el consumidor es más selectivo.
Del consumo aspiracional al consumo práctico
En entornos inflacionarios, la lealtad a la marca tiende a diluirse. El consumidor prioriza precio, facilidades de pago y conveniencia, y dedica más tiempo a comparar antes de concretar una compra. En Latinoamérica, esto se refleja en una mayor aceptación de segundas marcas, líneas económicas y alternativas funcionales frente a propuestas aspiracionales.
Un anticipo para otros mercados
Más que una excepción, Latinoamérica actúa como un anticipo de cómo podría evolucionar el retail de moda en un escenario global marcado por la volatilidad y el consumo cauteloso.
Las estrategias desarrolladas en la región ofrecen pistas claras para aquellos mercados que hoy comienzan a enfrentar condiciones similares. La adopción de modelos de precios más flexibles y segmentados por canal, junto con una omnicanalidad integrada como eje operativo, se combinan con una lectura cada vez más precisa de un consumidor más informado y racional, que exige coherencia, valor y conveniencia en cada punto de contacto.