El vínculo emocional se convierte en la nueva moneda de cambio del sector del lujo

La industria del lujo siempre ha sido sinónimo de prestigio, exclusividad y perfección artesanal, y durante mucho tiempo ha estado asociada a una especie de promesa: quien invierte en una marca no solo adquiere un producto, sino también estatus, relevancia cultural y un sentimiento de pertenencia. Esta concepción sigue vigente hoy en día, pero el modelo de éxito que la sustenta está cada vez más presionado.

Un estudio reciente de Accenture ha revelado que para los clientes ya no es suficiente que una marca sea bonita, exclusiva o prestigiosa. Cada vez es más decisivo que conecte a nivel emocional, que mantenga su relevancia y que sea capaz de construir una relación con los consumidores que se sienta personal y auténtica. Según el estudio "Luxe Eternal: The Customer Edit", el sector inicia así una nueva etapa en la que el éxito ya no dependerá principalmente del prestigio y el estatus, sino de la capacidad de generar una resonancia emocional duradera.

Los autores
Tobias Göbbel, director del área de Consumer Goods & Services de Accenture en Alemania. Rebecca Schmitt, experta en el sector del lujo en Accenture.

Un mercado sólido muestra sus primeras fisuras

A primera vista, el mercado mundial del lujo parece sorprendentemente resistente. A pesar de las tensiones geopolíticas, la incertidumbre económica y una demanda general volátil, el sector ha demostrado y sigue demostrando su solidez, especialmente en tiempos de crisis. Sin embargo, bajo esta superficie se perfila una tendencia gradual que podría ser más profunda para las marcas que las fluctuaciones económicas a corto plazo: la pérdida de lealtad.

El resultado de la encuesta realizada a clientes de 13 países muestra una paradoja notable: el 65 por ciento de los encuestados sigue considerando que las marcas de lujo son culturalmente influyentes, pero al mismo tiempo, muchos perciben una menor relevancia emocional. Más de un tercio afirma que las marcas ya no logran mantener un vínculo duradero con ellos. Uno de cada dos tiene la impresión de que muchas casas de moda se mueven hoy más por motivos económicos que por una visión inspiradora.

La definición única de lujo ya no existe

El principio que hasta ahora regía en el sector, el de entender a los clientes como un grupo objetivo homogéneo, pierde cada vez más validez. De hecho, las expectativas de los clientes actuales difieren mucho más entre sí. Por un lado, existe un público de perfil digital y conectado globalmente que interpreta el lujo principalmente a través de la estética, la relevancia cultural y la pertenencia visible.

Por otro lado, están los consumidores que se guían por sus valores, para quienes la postura de la marca, la sostenibilidad y el impacto social desempeñan un papel fundamental. Además, siguen existiendo grupos de clientes que asocian el lujo sobre todo con el origen, la artesanía, la fiabilidad y la confianza. Lo que une a estos grupos es, a primera vista, poco sorprendente: el lujo sigue siendo sinónimo de calidad, exclusividad y elegancia atemporal.

Sin embargo, la forma en que las marcas deben escenificar, comunicar y hacer tangibles estos valores difiere notablemente según el grupo de clientes. Y es precisamente ahí donde reside el desafío estratégico. Las marcas se ven obligadas a alinear claramente su identidad con las expectativas individuales de sus clientes.

La brecha de resonancia es cada vez mayor

De esta creciente diversidad surge lo que los autores del estudio describen como la “brecha de resonancia”. Las marcas pueden seguir pareciendo deseables y, sin embargo, perder relevancia. Se las percibe, pero no necesariamente se las siente como algo personalmente relevante. Esta diferencia es precisamente la que determina si el interés se convierte en un vínculo o si los consumidores, en su próxima compra, se pasan a la competencia sin pensárselo dos veces. Las críticas de los clientes son bastante concretas:

  • El 37 por ciento de los encuestados percibe un deterioro en la relación calidad-precio.
  • El 35 por ciento considera que la comunicación de las marcas es poco diferenciada.
  • El 50 por ciento opina que las marcas anteponen el beneficio a los principios.

La consecuencia es que el prestigio por sí solo ya no es suficiente. La relevancia debe restablecerse continuamente en la comunicación, en el servicio, en la lógica del surtido y en la experiencia de marca a través de todos los canales. En el futuro, el negocio del lujo no se definirá tanto por el producto individual como por la calidad de la relación. Los clientes esperan que las marcas los entiendan, anticipen sus necesidades y sigan presentes más allá de la compra. A menudo, desean experiencias personalizadas y que la relación no termine tras la adquisición.

Con ello, también cambia la perspectiva sobre el customer journey: se pasa de los touchpoints aislados a una narrativa relacional continua y concebida como “omnipersonal”. Se trata de una experiencia de marca que se siente personal a través de espacios físicos y digitales, que mantiene la coherencia y que transmite un sentimiento de pertenencia. La comunidad, el diálogo y el acompañamiento a largo plazo se convierten así en motores centrales del valor de la marca.

La excelencia operativa se convierte en la base

Llama la atención, además, el gran giro que se ha producido hacia los aspectos hasta ahora más invisibles de la experiencia de marca. Lo que ocurre entre bastidores influye hoy en la percepción de la marca casi tanto como las campañas, los escaparates o la presentación del producto. Así, el 69 por ciento de los encuestados valora como importante una entrega eficiente, y tres cuartas partes mencionan la competencia del personal como un factor decisivo en su percepción de la marca.

La excelencia operativa en el segmento del lujo es, por tanto, mucho más que un mero factor de higiene. Constituye la base para que el vínculo emocional y la promesa de marca puedan resultar creíbles. Porque si el servicio, el asesoramiento o la disponibilidad no convencen, el discurso de la exclusividad también pierde su fuerza.

La cercanía humana recupera su importancia

Un aspecto especialmente interesante del estudio es el perfil del llamado “artesano relacional”. Se refiere a un nuevo tipo de empleado en la interfaz entre la marca y el cliente, que combina el mensaje de la marca, el asesoramiento personal y la comprensión cultural. Su función va mucho más allá de la mera venta: generan confianza, contextualizan los valores de la marca y los traducen en experiencias individuales y personales. Precisamente en un mercado en el que los productos y las puestas en escena son cada vez más similares, este factor humano cobra una importancia considerable.

Al mismo tiempo, estos perfiles actúan como un sensible sistema de alerta temprana para las empresas. Detectan precozmente los cambios en las expectativas, los tonos y las motivaciones de compra, y trasladan este conocimiento al desarrollo de productos, al servicio y a la comunicación. Dado que el lujo se ha caracterizado históricamente por la cercanía personal, el asesoramiento y el encuentro, esta conexión humana puede volver a convertirse en el futuro en un factor de diferenciación decisivo.

El futuro del lujo reside en la relación

La industria del lujo se acerca, por tanto, a un punto de inflexión. Según un estudio de Luxury Daily, más del 83 por ciento de los directivos de marcas de lujo encuestados en una investigación anterior afirmaron que las necesidades y expectativas de sus clientes cambian más rápido de lo que sus empresas pueden adaptarse. Para las marcas, esto significa que ya no deben tratar el legado y la reinvención como conceptos opuestos. Al contrario, deben encontrar un buen equilibrio: combinar la excelencia artesanal con la innovación digital, preservar la exclusividad y, al mismo tiempo, abrirse a nuevas formas de apertura y relevancia. Quien se limita a gestionar su herencia corre el riesgo de quedarse obsoleto.

Las ganadoras de los próximos años no serán necesariamente las marcas que presenten los productos más llamativos o las campañas más ruidosas. El éxito lo alcanzarán aquellas que logren transformar actos de compra aislados en una relación sólida, basada en la relevancia, la coherencia y un trato verdaderamente personal. Dicho de otro modo: el futuro del lujo no se decidirá únicamente por el material, el precio o la visibilidad. Se decidirá por si una marca es percibida como un interlocutor, como algo que comprende, acompaña y aporta significado. Las relaciones ya no son un efecto secundario de la promesa del lujo, sino que se convierten en su expresión más visible.

Tobias Göbel (izquierda) dirige el área de Consumer Goods & Services de Accenture en Alemania, y Rebecca Schmitt (derecha) es experta en la industria del lujo. Credits: Accenture

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