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El Gobierno gravará a las empresas con dos nuevos impuestos “verdes”

Por Jaime Martinez

15 mar. 2021

Empresas

Madrid – Como consecuencia del desarrollo del anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados, cuya tramitación arrancase el pasado mes de junio de 2020, el Gobierno de España se encuentra ultimando la creación de 2 nuevos impuestos, cuya aplicación supondrá una nueva, y en algunos casos más que considerable, carga para las empresas. Una dificultad añadida a la que deberán hacer frente en un momento en el que la práctica totalidad del tejido productivo, industrial y comercial, se encuentra en serias dificultades a la hora de poder afrontar sus gastos operativos. Unos costes a los que ahora deberán de añadir los generados a raíz de estos dos nuevos impuestos, creados eso sí bajo el “amigable” paraguas de las prácticas sostenibles y el de impulsar la economía española hacia modelos más circulares y comprometidos con el medio ambiente.

Según se recogería así en el anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados, que debería pasar a entrar en vigor antes de este próximo mes de julio, el Gobierno creará los impuestos “verdes” a los residuos y a los plásticos. Dos nuevos gravámenes con los que espera recaudar cerca de unos 1.300 millones de euros, de los cuales, según las informaciones adelantadas por el medio económico Expansión, unos 538 millones procederían del de residuos, y hasta unos 724 millones adicionales serían los que el Ejecutivo esperaría llegar a recaudar con el nuevo impuesto sobre los plásticos.

A pesar de lo amable de sus títulos, y de sus aparentes laudables intenciones, lo cierto es que la creación de estos dos nuevos impuestos no termina de responder a la realidad de una economía española que se encuentra haciendo frente a la mayor caída del Producto Interior Bruto de su historia desde la Guerra Civil. Una contracción del -11 por ciento, según la OCDE, que la sitúan como la mayor tasa registrada a nivel global de entre todos sus estados miembros, por encima del -10,5 por ciento de Argentina y del -9,9 por ciento de Reino Unido, y a mucha distancia del -6,8 por ciento de media de la Zona Euro y de la caída del -3,4 por ciento de media a escala mundial.

Aumentando la “fiscalidad verde” de España

Yendo así contra corriente de las políticas de un buen número de estados europeos, como Alemania, Francia o Italia, que están respondiendo a las graves problemáticas que la pandemia ha terminado trayendo consigo para sus economías con bajadas de impuestos y la concesión de ayudas directas a las empresas de los sectores más afectados, el Ejecutivo español responderá ante estos mismos riesgos con la creación de estos dos nuevos impuestos. Unas cargas cuya aplicación llegará eso sí acompañada de un buen paquete de medidas con las que se buscará contribuir a limitar el uso de plásticos contaminantes y de un solo uso, así como fomentar la evolución de la economía española hacia un nuevo modelo de economía circular.

Según se encargaban de anunciar desde el propio Consejo de Ministros el pasado junio de 2020, a propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la nueva norma se desarrolla “con el fin de impulsar una economía circular y baja en carbono en España”. Un objetivo que se perseguirá alcanzar mediante “medidas destinadas a proteger el medio ambiente y la salud humana”, así como con “la reducción” del “uso de los recursos y la mejora de su eficiencia”. Unas iniciativas que llegarán de la mano de estas dos nuevas cargas fiscales, cuya aplicación, defendían ya entonces desde el Ejecutivo, se argumenta en el “margen” con el que contaría España en materia de “fiscalidad verde”.

“Esta nueva figura tributaria”, explicaban desde el Gobierno en relación al nuevo impuesto al plástico, el único que se contemplaba en el primer texto presentado, “responde a las recomendaciones realizadas por la Comisión Europea, que en numerosos informes ha señalado que España cuenta con margen de actuación en materia de fiscalidad verde”. “De hecho”, detallaba el Ejecutivo este pasado junio de 2020, “según datos de 2017, España tiene el quinto porcentaje más bajo de ingresos medioambientales respecto al PIB de la UE. En concreto, los ingresos derivados de la fiscalidad verde supusieron apenas el 1,83 por ciento del PIB, frente a una media de la UE del 2,40 por ciento en 2017”.

Prohibida la destrucción de excedentes de ropa a partir de 2021

Habrá que esperar no obstante a conocer los detalles y posibles modificaciones que termine recogiendo la norma, una vez aprobada, para conocer de qué manera tiene pensado el Ejecutivo comenzar a aplicar su nuevo impuesto a la generación de residuos. Una figura tributaria a la que no se hacía referencia en el primer anteproyecto de ley presentado, y que vendría íntimamente ligada a las nuevas medidas que buscarán desarrollar desde el Gobierno para fomentar la circularidad y la menor generación de residuos.

En este sentido, y sobre un calendario que persigue una reducción del -13 por ciento de los residuos producidos en nuestro país —respeto de los generados en 2010— para 2025, y del -15 por ciento para 2030, se prevén iniciativas dirigidas a luchar contra el desperdicio alimentario, medidas para frenar la generación de vertidos de basura al medio marino y otras que fomenten la cultura de la circularidad y sirvan para “alargar la vida útil” y luchar contra la conocida como “obsolescencia programada”. Para lo cual el texto vendrá a defender el diseño, la fabricación y el uso de productos que “sean eficientes”, “duraderos”, “reparables”, “reutilizables” y “actualizables”. Fomentando para ello sistemas que promuevan las actividades de reparación y reutilización, en particular de artículos tales como aparatos eléctricos y electrónicos, muebles, envases, materiales y productos de construcción, y textiles. De los cuales quedará prohibida, a partir de este mismo 2021, la destrucción de excedentes de ropa, al igual que la de otros productos no perecederos, como otra clase de textiles, juguetes o aparatos eléctricos, “salvo que dichos productos deban destruirse conforme a otra normativa”. Estableciéndose que, en el caso del textil, sus desperdicios deban de comenzar a recogerse de manera separada antes del 31 de diciembre de 2024, así como el desarrollo de un régimen de responsabilidad ampliada en un plazo máximo de 5 años desde la entrada en vigor de la ley. Lo que acarreará la implantación de un régimen de gestión de residuos similar al que ahora desarrolla Ecoembes, no sin polémica, en relación a la recogida de envases de plástico, latas, cartón y papel.

“Se trata de gestionar los residuos adecuadamente, pero también de utilizar esos residuos como recursos para generar otros productos o sustancias favoreciendo así el paso de una economía lineal (producir-consumir-tirar) a una circular donde se apuesta por un sistema respetuoso con el medio ambiente y basado en la prevención, la reutilización, reparación y reciclaje”, defienden desde el Ejecutivo. “Este modelo”, añaden, “permite extender la vida útil de los productos y dotarlos de una segunda vida y la recuperación de materiales”.

Impuesto a los plásticos de un solo uso

En cuanto a los detalles relativos al nuevo impuesto “verde” sobre los plásticos, se prevé que este sea de carácter indirecto para el consumidor y que cuente con un tipo impositivo que será de 0,45 euros por kilogramo de envase. Un valor que, atendiendo a las cifras relativas a 2017, el último año del que se cuentan con valores disponibles, se estima una recaudación de cerca de 724 millones de euros.

“El impuesto especial a los envases de plástico no reutilizable será de carácter indirecto y recaerá sobre la fabricación, importación o adquisición intracomunitaria de envases de plástico no reutilizables que vayan a ser objeto de utilización en el mercado español”, detallaban en junio desde el Gobierno. “Se trata”, argumentaban entonces, “de un impuesto similar al que se pretende implantar en otros países de nuestro entorno como Reino Unido o Italia”.

Prohibiciones en la comercialización de los plásticos

Como primera fase en la aplicación de la nueva norma, se estima que a partir del próximo 3 de julio de 2021 quedará prohibida la venta de productos tales como bastoncillos de algodón, excepto si entran en el ámbito de los productos sanitarios; cubiertos (tenedores, cuchillos, cucharas, palillos); platos; pajitas y agitadores de bebidas; palitos destinados a sujetar e ir unidos a globos; y los recipientes y vasos para alimentos y bebidas hechos de poliestireno expandido, incluidos sus tapas y tapones. Así como la venta de cualquier producto de plástico fabricado con plástico oxodegradable, y el uso de cosméticos y detergentes que contengan microplásticos añadidos intencionadamente.

Una vez superada ya esta primera etapa, a partir del 1 de enero de 2023 quedará prohibida la distribución gratuita de todo producto de plástico, debiéndose de cobrar al consumidor a partir de ese momento un precio por cada uno de los artículos que se le entreguen, incluidos claro están los recipientes para alimentos utilizados para comida rápida. Trabajándose con el objetivo de conseguir para 2026 una reducción del -50 por ciento de su comercialización, con respecto a los valores de 2022. Y que esa reducción sea del -70 por ciento, sobre los mismos valores, para 2030. Mientras que además también se llevarán a cabo “medidas de concienciación para informar a los consumidores con el fin de reducir el abandono de basura dispersa”, así como el establecimiento de nuevos “requisitos de diseño”, como que por ejemplo el que tapas y tapones deban permanecer unidos al recipiente, o el que las botellas PET cuenten con un 25-30 por ciento de plástico reciclado, así como con una recogida separada para 2025.

“Para cumplir con estos objetivos, todos los agentes implicados en la comercialización fomentarán el uso de alternativas reutilizables o de otro material no plástico”, explicaban desde el Gobierno. Y “en cualquier caso”, añadían, “a partir del 1 de enero de 2023, queda prohibida su distribución gratuita, debiéndose cobrar un precio por cada uno de los productos de plástico que se entregue al consumidor, diferenciándolo en el ticket de venta”.

Photo Credits: Unsplash.