Jonathan Anderson propone un viaje en el tiempo en la Fashion Week de Londres

Dicen que es audaz, amante de la experimentación, y lo demuestra: el joven diseñador británico Jonathan Anderson asombró el sábado con sus mezclas de estilos galácticos y sus mangas estilo "Belle époque", el segundo día de la Fashion Week de Londres.

Director artístico de la marca española de marroquinería Loewe (grupo LVMH), el creador de 31 años, considerado uno de los más influyentes del momento, presentaba la colección primavera-verano 2016 de su marca propia, J.W. Anderson.

Jonathan Anderson propone un viaje en el tiempo en la Fashion Week de Londres

El modisto citó en un edificio de ladrillo con aire de cuartel a periodistas, compradores y personalidades de la semana de la moda londinense. En una gran sala bañada con una luz blanca resplandeciente, sin podio, las modelos desfilaban entre las filas de los invitados sentados en bancos, con fondo musical electro. Cortes depurados y longilíneos, a veces casi andróginos, economía de colores: los modelos y combinaciones de Jonathan Anderson parecen salidos de una novela de anticipación.

Los vestidos están adornados con lazos inspirados en las creaciones del escultor estadounidense Richard Zawitz y evocan las circunvalaciones del tiempo, el infinito. A este viaje a las estrellas, el modisto añade un homenaje a las modas de ayer con mangas que recuerdas el siglo XIX. Decidido a sorprender, Anderson da no uno, sino dos grandes bolsos a estas mujeres que vogan de una época a otra.

"Las marcas deben evolucionar a la misma velocidad que el resto del mundo. Y hoy en día todo va deprisa", declaraba recientemente al diario británico The Guardian. "Si tu marca se vuelve previsible, ahí tienes un problema".

Rojo y negro

Innovar, chocar, inventar son conceptos integrantes del ADN de la escena londinense, y otro súbdito prodigio de Su Majestad, el joven Gareth Pugh, hizo desfilar a sus modelos con máscaras y pelucas provocadoras.

¿El tema de su colección? Soho, el céntrico barrio festivo de Londres, verdadera jungla urbana, donde la Fashion Week se instaló este año, dejando de lado el lujo institucional de Somerset House, su residencia de antaño. "La idea de presentar en Soho era excitante", explica. "De esto habla esta colección, de un lugar donde todo puede suceder".

En Soho, se encuentra el barrio rojo con sus "sex-shops", y Gareth Pugh va de rojo, vivo, cortante, como color dominante de sus vestidos cortos e insolentes, de sus corpiños sin mangas con largas franjas que se deslizan en cascada sobre el cuerpo con un diluvio de llamas.

Soho son también los restaurantes, las tiendas, en una palabra el dinero, y el creador inventa un vestido a base de monedas. Los "fashionistas" pudieron descubrir la noche del sábado las creaciones de Anthony Vaccarello, el director creativo de Versus Versace, que presentó su desfile en un sótano transformado en discoteca nocturna, con grupo tocando en directo.

Si Pugh optó por el rojo, Vaccarello exploraba el negro con un vestuario de cuero y metal, pantalones cortos combinados con cazadoras de cremallera, chalecos de botones cruzados y con la espalda desnuda, también vestidos leopardo y mangas largas.

Durante el día, la joven creadora irlandesa Simone Rocha propuso una colección mucho más sobria. Pequeños vestidos cortos con bolsillos y faldones volteados, beiges, negros, de pliegues altos, elegantes a la par que modernos. Los pesos pesados de la moda británica Vivienne Westwood Red Label y Burberry Prorsum desfilarán respectivamente este domingo y lunes. Hasta el martes, la 62ª Fashion Week londinense acoge a más de 150 creadores, a los que se suman decenas de desfiles y presentaciones diseminadas por toda la capital británica. (AFP)