Aunque en su manera personal de vestir Karl Lagerfeld, fallecido este martes, era fácilmente reconocible, sus creaciones se caracterizaron por su eclecticismo y por su capacidad para reinventarse y captar el espíritu de los tiempos.

El modisto era el responsable de tres marcas (Chanel, Fendi y la grifa con su nombre), pero su nombre está sobre todo asociado a la casa Chanel, donde no dudó en revolucionar los códigos y para la que organizaba espectaculares desfiles.

Con ironía solía decir que Gabrielle Chanel "habría odiado" su trabajo. Cuando llegó a Chanel, en 1983, la marca estaba en un mal momento. "Todo el mundo me decía 'no la toques, está muerta, terminada' y fue eso lo que me divertía, era un desafío y funcionó cien veces mejor de lo que pensaba", decía Lagerfeld.

El modisto recordaba lo que le dijo Alain Wertheimer, copropietario de Chanel junto a su hermano Gérard: "'Haga lo que quiera, de todas maneras vendo la casa de moda, no funciona'. Y yo respondí: 'escríbalo en un papel'".

Lagerfeld adoptó a su época los clásicos de la marca, como los trajes de chaqueta, el tweed, las perlas o las cadenas doradas.

"Fue el primero en replantear todos los códigos de la casa y usarlos" de otra manera, explica la historiadora de la moda Catherine Örmen.

Según ella, el toque de Lagerfeld era más un estado de ánimo que un estilo reconocible y evolucionaba constantemente.

"En los años 1980 sus siluetas tenían espaldas demasiado grandes, en los años 1990 fueron muy 'skinny'. Siempre estaba en su época, pegado a su tiempo", afirma.

En 2014, presentó un vestido de alta costura con bordados de cemento y en 2015 trajes de chaqueta en tres dimensiones.

"Sin embargo cometió algunos sacrilegios", recuerda Örmen, como un modelo de alta costura con miriñaque en 1986. "Hizo exactamente lo contrario de lo que fue la señorita Chanel, ¡seguro que se removió en su tumba!".

Una libertad que el modisto alemán siembre reivindicó.

"Karl era insaciable, siempre curioso, tomando prestado de distintos ámbitos, sobre todo de la calle o del universo de los motociclistas, del surf", recuerda la británica Emma Baxter-Wright, autora del "Pequeño libro de Chanel", que destaca la "insolencia" del creador.

El llamado "Kaiser" ("emperador" en alemán) de la moda también supo detectar a las mejores modelos, como Inès de la Fressange, que firmó un contrato de exclusividad con Chanel en 1983, la alemana Claudia Schiffer, la británica Cara Delevingne o más recientemente Lily-Rose Depp.

Sus desfiles de Chanel, muy esperados, siempre tenían decorados grandiosos, una muestra de su capacidad de puesta en escena.

Cada desfile tenía su tema y su universo, recreado en el Grand Palais de París, un museo, un supermercado, un aeropuerto, un jardín zen, un bosque, un yate de lujo, etc.

En los desfiles, Lagerfeld contaba con su brazo derecho, Virginie Viard, directora del estudio que supervisa ocho colecciones al año. Una colaboradora fiel con la que trabajó durante más de treinta años.

"Sin Virginie, el desfile no existiría. Está detrás de todas las colecciones (...) Es una de las personas esenciales de Chanel junto a Bruno [Pavlovsky, presidente de las actividades de moda de Chanel] y Eric" Pfrunder, director de imagen, aseguraba en mayo de 2018.(AFP)

 

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